Nostalgias y fiestas

Gracias a la invitación a una fiesta en el club de suboficiales tuve la oportunidad de viajar a la imperio del pasado. En los andenes de la evocación me tropecé con amigos que duermen el sueño de los justos, con suboficiales camorristas y con inabarcables pastizales.

Al ingresar a la fiesta me estrellé, asimismo, con la adolescencia que había dejado abandonada bajo el árbol del tiempo. En esta ocasión, sin embargo, la pubescencia no la hallé por conducto del recuerdo sino por la contemplación desprejuiciada de los jóvenes que habían asistido a la reunión: vi muchachitos bailando torpemente con la niña que les roba el aliento en las clases de cálculo o tomando clandestinamente aguardiente. El espectáculo de miradas lustrosas y talles delgados me trasportó a las olvidadas noches en las que ingería aguardiente en las esquinas del ocio para animarme a bailar con la niña de sonrisa verde que miraba el horizonte con picardía, o a las claras mañanas en las que me escapaba de clase saltando por un muro descascarado por el continuado uso de sus servicios evasivos.

Al final de la fiesta salí a la densidad de la noche, me sacudí de las migajas de las remembranzas que me habían quedado en la cabeza y le sonreí a los ojos del futuro.

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Archivado bajo adolescencia, evocaciones, General

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