Archivo diario: agosto 22, 2008

De sexo, gritos, gemidos y demandas

En Inglaterra multaron a una pareja de novios por hacer mucho ruido mientras tienen sexo.

Entre las quejas de los vecinos hay una señora que asegura que su hija moja la cama y tiene pesadillas a causa de los gritos y de las obscenidades que dice la pareja durante el acto sexual. Otro vecino –conductor de profesión- asegura que tiene que pedir permiso porque los amantes no lo dejan dormir en toda la noche.

¿Qué dice la acusada? Nada, solo pone una cara que oscila entre la burla y la satisfacción:


(El que está a su lado con cara de imbécil es el imparable novio)

Creo, al igual que el amigo Pedro, que Adam Hinton (el novio) ha conseguido los 15 minutos de fama que todo hombre quisiera tener: desfilar por los periódicos como el causante de hacer gemir durante toda la noche a su novia. Imagine, querido lector, que un buen día le llega a su novia un telegrama en el que la citan a un juzgado por que los gritos y golpes de la cama no dejan dormir a ninguno de los vecinos de los veinticuatro apartamentos del edificio donde duerme. Lo primero que usted hace después de esta magna noticia es, ¿cómo evitarlo?, echarle un polvo celebratorio de un par de horas. Luego, si el temblor lo deja sostener el papel, vuelve a leer el telegrama para ratificar su confianza.

En Colombia, lamentablemente, un caso de estos no se presentaría gracias a la sorna de la justicia de este país. Acá una demanda se demora meses y hasta años. De tal suerte que cuando llegue la citación la pareja ya se habrá separado o ya tendrán hijos que no les permitirán aquellas maratones sexuales. Los vecinos varones, por otra parte, no se disgustarán por los gemidos ni por las obscenidades (menos si son camioneros, como el vecino inglés), razón por la cual no demandarían a la pareja. Los niños, en lugar de tener pesadillas y orinarse en la cama, anotarán las palabrotas en su agenda de Winnie Pooh para escribirlas en las paredes de los baños del colegio o, si son más grandecitos, para practicarlas con sus noviecitas o noviecitos. Las paredes de los apartamentos, por último, son construidas, por lo general, en concreto, lo cual impide que el ruido se propague por todo el edificio.

En nuestro caso (el de mi novia y el mío), el único ruido que hacemos es el causado por el chirrido de la cama unido al chillido de los resortes del colchón. Debo decir, en honor de la verdad, que esta alianza rítmica da la sensación, en el momento del paroxismo, que estamos violando un grillo en el apartamento. Este barullo, sin embargo, no ha redundado en una demanda de La Asociación Defensora de Animales (ADA) ni del INDERENA.

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Crujido de los engranajes (3)

A finales del año 2001 yo estaba frente al hidrante rojo que espera incendios y catástrofes. Las tinieblas se deshacían en una masa ambarina de neblina y ansiedad, al tiempo que me desmigajaba en reflexiones ociosas.

Luego, cuando el viento se hizo llovizna, rasguñaste el amanecer con tu mirada de cachorrito. Llegaste hasta el hidrante y me miraste en silencio. Al verte a los ojos entendí que querías que me acercara a ti. Lo hice. Quedamos, en un instante espeso, frente a frente. Sentiste el impulso de abrazarme; sentí el arranque de besarte apasionadamente. Nos quedamos, sin embargo, inmóviles. Al final me incliné y te bese tiernamente en la mejilla. Me miraste a los ojos para tantear mis pretensiones. Sonreí ingenuamente. Respondiste con una sonrisa tímida…

Al término de una conversación grumosa te despediste y penetraste en las sombras de la mañana. Yo me quedé pensativo, acaso imaginando. El golpe en el hombro del sol anunció la apertura de las responsabilidades y la consecuente clausura de la fantasía.

La vida nos ha congregado en conversaciones protocolarias o en reuniones apolilladas. Siempre que te veo recuerdo aquella madrugada de diciembre y siento el impulso de confesarte que aquel día el destino me dijo al oído que tu mirada de cachorrito me contemplaría en las madrugadas de amor.

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Colillas y cigarrillos

Señores Compañía Colombiana de Tabaco:

Esta carta no es para abogar por el derecho de respirar aire libre ni mucho menos por el derecho de los fumadores a ejercer su hábito en cualquier lugar. Esta carta es para interceder por el derecho de los cigarrillos. Sí, como lo oyen: escribo para defender la vida y honra de aquellos cilindrillos blancos con zapatillas cafés.

(Hasta este oscuro rincón del cosmos escucho las carcajadas de ustedes. Pero aunque le parezca gracioso le pido que lea el resto de la carta para que entienda que mi petición no es descabellada).

¿No han pensado en el triste final de los cigarrillos que producen? Siéntense ustedes a pensar en la vida de aquellos hijos que emergen de las entrañas de sus fábricas: primero tiene que vivir hacinados en unas cajetillas estrechísimas y oscuras. Luego, cuando un piadoso comprador toma la cajetilla en sus manos, extrae a uno de los retoños para encenderle la cabeza con algún mechero o fósforo. En este momento la criatura ejecuta su función de compañero -si el fumador se halla solo en un codo de la soledad-, o relajante -en el caso que los fantasmas de la ansiedad asomen su testa-, o, quizás, ultimando la faena amatoria. Cuando su labor se ha concluido el cigarrillo encuentra un final trágico: después de ser compañía o consuelo el fumador decide, en un acto de infinita crueldad, lanzarlo al piso y matarlo con el tacón de su zapato, o ultrajarlo en un cenicero. Luego el mancillado cadáver del cigarrillo será pisado por cientos de zapatos hasta que la benigna lluvia o el piadoso viento lo envíen a las cloacas. Si pereció en un cenicero su suerte no es diferente: lo lanzaran entre cáscaras de plátanos y papeles sucios y rodará de caneca en caneca hasta llegar a las llanuras repugnantes.

¿La anterior imagen no les ocasiona dolor en la boca del estómago? ¿Su insensibilidad llegó hasta el punto de pasar campantes encima del cadáver de los retoños de sus empresas? ¿No les remuerde la conciencia saber que han podido librar de ese dolor a los herederos de tanto trabajo y esfuerzo?

Como sospecho que las risotadas no han cesado en su fanfarria burlona, sólo les pido que tomen con el mismo humor la noticia que sus hijos han sido secuestrados por un comando de hombres encapuchados. Espero que rían, asimismo, cuando encuentren los cadáveres de ellos en canecas de basura o nadando en las alcantarillas de esta hermosa ciudad.

Cordialmente:

A.B.

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