J.C.

A la mujer de este post le escribí años después este poema.

J. C.

J
como la mayoría de mujeres que han atardecido mi existencia,
cuando tu recuerdo me asalta en las noches de inusual alegría
evoco las alas que le puse a los sueños aquel jueves santo
cuento el filo de las navajas que nacieron en la heredad de aquellos días
y tu incomprensible reincidencia en la villanía de aquel Cristo sin cruz y sin devotos …

sé que odias la dársena de mi amargura y mi oscura resignación
a nadar contra la amarilla corriente del tiempo
¡sé que lo odias!…

detestas igualmente la terquedad con la que me defiendo
y los desportillados dientes que exhibo en cada argumento…

C., hoy que el racimo de años dobla la palmera de tu existencia hacia la madurez
recojo las marchitas palabras del barro de la evocación
y las lanzo al viento digital
para que naveguen por la memoria y el olvido
hasta el reducto de tu corazón
donde guardas los mensajes de este testarudo y sensible amigo tuyo…

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Archivado bajo amor, evocaciones, General, mujeres, poema

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