Archivo diario: agosto 11, 2008

Breve homenaje a Alicia

Cuenta Miguel Méndez Camacho en el diario La Opinión que en su exilio en argentina tuvo la oportunidad de conversar con Borges. En una de sus visitas el abogado cucuteño le preguntó al maestro: “¿La fama anula la mezquina vanidad?”. Borges, después de una sonrisa enigmática, le dijo a Miguel que cuando publicó su libro Fervor de Buenos Aires pasaba todos los días por las librerías para preguntar cuántos libros habían vendido. “Al mes, dice Borges, tenía 17 compradores que imaginaba fervorosos lectores, con caras, cuerpo, oficio y edad aproximada, deleitándose con mi poesía”.

Cuando leí esta anécdota pensé en la dinámica que genera la tecnología y en la naturaleza de los blogs. Los que escribimos en blogs no tenemos, por ejemplo, la necesidad de ponerle nombre a nuestros lectores ya que ellos mismos se colocan uno–real o no- cuando dejan su comentario en la casilla correspondiente. Dejan, como si lo anterior fuese poco, el correo electrónico para podernos comunicar con ellos y preguntarles cómo llegaron al blog o cómo les parecen los post o el diseño del mismo. Gracias a este intercambio de información no recurrimos a la volátil imaginación para saber de dónde son nuestros lectores, cuál es su verdadero nombre, qué edad tienen, etc.

En los albores del blog mi ansiedad por conocer a los lectores me impulsó la noche del 8 de abril a escribirle a Alicia, una lectora que había entrado ese mismo día y que me había dejado comentarios por todo el blog. Después que le escribí recibí una notificación de gmail que me comunicaba que la dirección del correo no existía. Desilusionado levanté los hombros y continúe con el extravagante ejercicio de escribir pendejadas.

El 18 de abril Alicia apareció de nuevo. En esta ocasión le pedí, a través de los comentarios del post, que me escribiera al correo personal. Tres días después encontré para mi alegría un correo de ella. En respuesta a la misiva le indagué sobre el blog y la forma como llegó a él. Alicia me contestó con un correo maravilloso al que respondí con dos preguntas secas. Y así iniciamos con una correspondencia fluida de preguntas, comentarios, narraciones y anécdotas.

El 16 de mayo, después de un intento fallido, pudimos hablar por teléfono. Recuerdo que la sensación inicial era de estar frente a una catarata de palabras emanadas de una fuente cristalina de pasiones y reflexiones. Luego de acostumbrarme a que el torrente de ideas desbordara mi capacidad de filtración, me abandoné a la caricia de las palabras. Y así ha seguido siendo en las pocas ocasiones que hemos hablado por teléfono.
Nuestra amistad, por tanto, se ha cocinado en el crisol de la palabra escrita y se ha sazonado con ocasionales llamadas telefónicas.

El miércoles pasado Alicia me envió un correo contándome que no podrá visitar el blog con la misma frecuencia con la que lo ha venido haciendo durante los últimos cuatro meses. Me dice, asimismo, que los correos se espaciaran gracias a que las obligaciones le robarán el tiempo que empleaba para escribirme. Esta noticia, como se podrán imaginar, ha sembrado sombras en la curva de las vocales y hundido en las tinieblas a la rigidez de las consonantes…
Sean pues este post y el poema que abajo transcribo el homenaje a una de las lectoras más fieles de este blog y a una gran amiga.

ALICIA

Si deseas abandonar la multitud detenida en el reloj
lleva a Alicia
y cruzarás el límite de la transparencia y la pared.
Cuando en el vacío te angustie el habitual ritmo del vértigo
las pequeñas ocurrencias de Alicia
fundarán ciudades,
y mientras cambia el color de la magia y de los besos
las efigies encerradas en las monedas volverán a ser hombres.
Tu mano allí querrá alargarse para ajusticiar el sol,
¡ déjala !
todos somos poseídos por Alicia en algún instante de la vida.
Si no has sentido bajo tu piel los pasos de Alicia
recuerda que ella puede aparecer de repente.
Con la paciencia que el sueño seduce a la noche
jugando a las virtudes del mal te dormirás en secretos jardines
y entonces en tu cuerpo el dolor de las matemáticas
será un constante deleite.
Con ella
el tiempo del esclavo suelta un pájaro por la ventana.

(Víctor López Rache)

4 comentarios

Archivado bajo evocaciones, General, poema

Sobre patadas, deportes y triglicéridos

El sábado visité al endocrinólogo a causa de los altos niveles de los triglicéridos. Después de pesarme, medirme y tomarme la presión me dijo que lo mejor que puedo hacer para mejorar mi actual situación es un fin de semana cargado de actividad física. Lo más aconsejable, dijo con voz pausada, es que se dedique al futbol ya que en este deporte usted quema doscientas calorías en media hora.

Después que salí del consultorio llamé a un viejo amigo para preguntarle si había una vacante en el equipo. ¿Una vacante en dónde?, pregunto sorprendido. ¿Asistirán todos los jugadores al partido de esta tarde? Le pregunté. No sé, ¿por qué?, contestó. Porque pienso jugar futbol esta tarde con ustedes, le dije con alegría. ¿Qué viene a qué? Volvió a preguntar mi amigo. A jugar con ustedes, respondí golpeado; ¿o es que no me va a dejar jugar? De dejarlo, lo dejo; contesto con voz oscilante; pero no entiendo usted qué piensa hacer en el equipo. Pienso jugar, le respondí inmediatamente. Pero usted no juega futbol hace más de diez años. Eso no es problema: diez minutos de calentamiento y estoy listo, le dije con serenidad; entonces: ¿voy o no? Pues venga, pero si se parte una pata es su problema, contestó resignado.

Después de ello me vine al apartamento a rescatar los guayos de las arañas y la pantalonetas de las polillas. Después que comprobé que tanto los guayos como la pantaloneta me quedaban, los empaqué en la maleta y salí a la justa deportiva. Cuando llegue estaba mi amigo con la pierna derecha sostenida por el brazo derecho. Al verme bajo soltó la pierna y con la mano libre se rascó la cabeza. Creí que me estaba mamando gallo, me dijo mientras me acercaba a él. ¿Hay cupo?, le pregunté en compensación a su saludo. Hay que esperar a ver quiénes vienen y si queda espacio juega; pero le repito que si se parte una pata es su problema. No se preocupe, le dije con voz amigable; mis huesos son de acero.

A la media hora habíamos nueve jugadores. Diez minutos después llegó el arquero con un tufo de ochenta octanos y un joven con un guayabo que prometía asesinarlo en cualquier momento.

Cuando el árbitro pitó el equipo estaba conformado por: un arquero ebrio; cuatro defensas (entre los cuales estaba yo y el enguayabado); cuatro mediocampistas y dos delanteros (entre los que se contaba mi amigo).

Al término del primer tiempo el defensa que navegaba en la resaca y yo estábamos abrazados y jadeantes; el arquero bajaba por la cuesta de la chalina hacia un guayabo espantoso y mi amigo tenía cazada la pelea con un defensa del otro equipo. Cuando inició el segundo tiempo el enguayabado había sido reemplazado por un espectador y la cara del arquero vacilaba entre el verde aceituna y el amarillo pálido. Después de una incursión por el ala derecha mi amigo y el defensa se engancharon en una puñetera que rápidamente se transformó en una batalla campal con lluvia de botellas, patadas, monedas y perros (a algún desadaptado le pareció chistoso lanzar a los pobres animales a la montonera). Al final la policía nos invitó cordialmente mediante patadas y bolillazos a que concluyéramos con la justa pugilística. A la casa llegué a la media noche con un chichón, un morado en la pierna derecha y los nudillos lastimados.

Esta mañana, después de una minuciosa investigación, decidí salir a correr al parque (media hora de este deporte quema, según rezan las páginas femeninas, 150 calorías). En esta ocasión los rescatados de las telarañas fueron los viejos tenis de educación física. Me puse una sudadera de mi papá y me llevé el mp3 para escuchar música acorde con el ejercicio (Survivor, James Brown, etc).

A los diez minutos de trote regular por los pastizales un joven me hizo un tackle que me derribó. Cuando estaba en el piso aparecieron cuatro señores que me requisaron con energía. Después que quedaron con el mp3 me dieron dos patadas para disuadirme de levantarme. Me levanté con el estómago contuso y cojeando. Llegué a la casa y boté en la caneca de basura los tenis, la pantaloneta y los guayos y les escupí para cerrar el ritual de despedida.

Después de esta experiencia estoy convencido que prefiero mil veces que los triglicéridos tapen mis arterias a recibir una patada más por cuenta del saludable deporte.

Deja un comentario

Archivado bajo General

Visita Número 10.000

Después de una breve ausencia me encuentro con la maravillosa noticia que el blog ha llegado a la visita número 10.000. Hoy a media noche se cumplen, asimismo, seis meses de existencia del blog.
En lo referente a las visitas el gráfico muestra cómo han fluctuado en las últimas 26 semanas.

En lo tocante a los seis meses poco o nada se le puede agregar al post número 200. Sólo me resta agradecerles a los incansables lectores que siguen visitando esta esquina de la red y a los amigos que me apoyan en el extravagante oficio de escribir pendejadas. Agradezco, igualmente, a los miles de personas que llegan al blog lanzados por los motores de búsqueda.

Para celebrar les dejo con la canción que me ponía a vibrar cuando tenía cinco años de edad.

Deja un comentario

Archivado bajo General