Para Natalie Wood (Miguel Méndez Camacho)

Supongo que todos hemos tenido amores platónicos. Cuando contaba con seis años de edad mi amor platónico era Gloria Estefan. Al poco tiempo mis inclinaciones estéticas se adormecieron hasta despertarse en los albores de la adolescencia. En aquellos días la mujer que ocupaba mi mente se llamaba Samantha Fox. En la adolescencia fue tal el volumen de mujeres que inflaban mis sentidos que sería inoficioso enumerarlas acá. Luego, en el preludio de los veinte años me robaba el corazón (y aún lo hace, pero con menos fuerza) Claudia Helena Vásquez. Hace algunos años la dueña de mis suspiros era Jodie Foster y el año pasado era Elisabeth Shue.

A ninguna, sin embargo, quise con la fuerza del fanático que colecciona fotos, recortes del periódico y discos; nunca lloré con sus desgracias ni me regocije con sus triunfos; su ausencia de las pantallas o de las pasarelas no me empantanó el día. A ellas simplemente las acompañe desde la comodidad de mi cuarto con elogios sonoros del corte de “mamita rica” o “cosita preciosa”.

Lo anterior no me había sonrojado hasta que leí la nota necrológica escrita por Miguel Méndez Camacho en honor a Natalie Wood. Desde ese momento entendí que sólo hay dos posibilidades con los amores platónicos: o se les ama apasionadamente o se les desdeña.

Dejo, pues, la nota que escribió el periodista cucuteño a la hermosa Natalie Wood.

Para Natalie Wood

Nunca supiste que tuvimos amores hacia finales del cincuenta y siete.

Eras entonces una actriz de reparto y yo simplemente un extra, en el rodaje de mi rumboso sexto de bachillerato.

Por eso tu recuerdo, en la falsa neblina de los fumadores aprendices, eran tan pegajoso como los chiclets Adam’s, tan enervante como el coctel de ron con cocacola y más contagioso que los boleros de los Panchos.

Tengo viva la rabia por tus incumplimientos a mis fiestas de rumbas y nostalgia, donde estuve esperándote. Y no acepto todavía tu tonta excusa de filmar en Hong Kong o viajar a la metro goldwin meyer a recibir el Robert Wagner que te habías mandado hacer sobre medidas.

Te fui entonces infiel con una colegiala, que impedida de copiarte los senos te plagiaba el peinado y prometí incumplir las descaradas citas que me dabas en el neón tristón de los teatros.

Sin embargo, seguimos tropezando en las penumbras de mi cine continuo de los sábados y era evidente que algunas de tus miradas más picantes tenían la dirección de mi butaca. Pero tu escandalosa vida de farándula me obligó a desistir de ofrecerte el papel estelar en la película de mi historieta provinciana.

Ahora, un poco más antiguo pero igual despistado, me entero de tu muerte, ahogada en un lago de uisqui y el colegial que ocultan mis solapas me ordena enlutecido que te escriba esta carta.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General, mujeres

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s