Archivo diario: julio 31, 2008

Serenata intimidatoria (Les Luthiers)

La última acción de soltero de un amigo fue llevarle una serenata a su futura esposa.

Para ello hizo acopio de los dos elementos necesarios para tal efecto: un amigo borracho y un trío de ancianos ebrios. Después del regateo mojado con relámpagos de aguardiente se convino en que los señores llegarían a la casa de la novia al filo de la media noche. Nosotros, mientras llegaba la hora, decidimos entrar a una tenducha que queda a dos cuadras de la casa de la mamá de la novia a esperar el arribo de la medianoche.

Cuando llegamos a la casa de la novia el trío miseria (así lo bauticé) entonaban la penúltima canción (eran las doce y media). La novia estaba roja de la ira y luego de una discusión acalorada entre los futuros esposos mi amigo negoció con los cantantes media hora más de serenata.

Cuando el vocalista dió paso a mi amigo para que cantara lo hizo de tan mala gana, y con tal malgenio, que la serenata sonó más o menos así:

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El hombre entra a la lista de especies en vía de extinción

Sócrates decía: “Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los mayores. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos”.

Lo que no pensó el sabio en el momento de decir esa frase es que la existencia de los jóvenes “tiranos” garantiza la subsistencia de los ancianos que reniegan de los jóvenes y de los políticos. Se necesita, de hecho, que el número de jóvenes sobrepase holgadamente al de viejos para que la economía se sostenga. Si esta proporción no se cumple la humanidad, por tanto, perecerá en una anarquía de babuchas, bastones y dientes postizos.

Pues bien, en un estudio realizado por la CEPAL se concluye que para el 2050 en Latinoamérica “se espera que la población adulta supere en un 30% a la joven”. Si esto no los alarmo lean la conclusión de los investigadores: “el organismo duda de que se pueda invertir el actual proceso de descenso de la natalidad” [1]. Esto sólo puede significar una cosa: el hombre inicia la peregrinación de las especies en vía de extinción.

Esta conclusión me parece paradójica: el hombre en su afán de detener el crecimiento para no extinguirse abrió la puerta para la consunción de sí misma. ¿Será acaso que la humanidad no puede dar más de sí?

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