Archivo diario: julio 29, 2008

Post Número 200

Cuando se intenta escribir un post diario, en promedio, se corre el riesgo de repetir temas y que la calidad de los post no sea óptima ya que, como todos sabemos, la cantidad casi siempre sacrifica a la calidad.

A lo largo de estos doscientos post he sido reiterativo en temas como el amor, la nostalgia, las mujeres, el sexo y la poesía. Sé, gracias a los comentarios y a los correos que me han enviado, que el post que más ha gustado fue Carta al Silencio de la Noche (1), y el que más visitas tiene es De Videos y Masturbaciones, con la prodigiosa cantidad de 573 visitas en cuarenta y cinco días. Entre estos dos post han cruzado series como la de cartas, engranajes, música y evocaciones, todas ellas inconclusas. Escribí contra los comentarios de un visitante español y contra el padre Alfonso Llano. He colgado fotos de algunos familiares así como he subido videos de mis cantantes predilectos. He agradecido en más de una ocasión a mis lectores, etc…

Este es, en suma, el resumen de doscientas entradas.

Felicitaciones para el blog y para sus lectores!!!

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Interrogante

Después de leer a Doridan pensé que si el “yo” adolescente de dieciséis años entrara a la puerta de este cuarto y me viera, con camisa y saco de lana, escribiendo o leyendo día y noche me preguntaría con tono airado: “¿qué hizo conmigo, pedazo de güe*?”.

Quizás tenga razón: debí lanzare a las aventuras y a las emboscadas del destino en lugar de estar esperando que el mundo pase por esa ventana sin tocarme. Debí, tal vez, recorrer Latinoamérica a dedo, como a él le hubiera gustado; o irme, tal vez, de polizonte en algún barco. Todos sabemos, sin embargo, que no haré nada de esto porque las circunstancias han decidido que los únicos incidentes espectaculares que conoceré serán los que mi imaginación urda en noches febriles.

Lo anterior labra una duda en mi cabeza: ¿en qué momento canjee las aspiraciones por la comodidad?

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De música y generaciones

El vecino del lado coloca todas las mañanas rock en español a todo volumen. Esto no sería raro si no acompañara las canciones con improperios que buscan, por contradicción semántica, ensalzar las tonadas que estremecen el edificio. Es así que se le escucha gritar desde el baño: “¡que clásico tan triple hijuep*!”; o “¡Qué malpar* tan buenos!”. Al comienzo me parecía divertida la manera de ensalzar la música hasta que me percate que llama clásicas a canciones que sonaban a finales de los años ochenta.

¿Clásica Persiana Americana, me preguntaba con la oreja pegada a la puerta del apartamento? Esa canción, si la memoria no me falla, salió en 1986; clásica, lo que se dice clásica no es, me decía mientras esperaba la siguiente melodía.

Cuando sonaron los primeros acordes mi vecino gritó: “¡Qué canción tan hijuep*!”. Esto es mi Agüita Amarilla, de los Toreros Muertos; esta es del 86, pensaba mientras el vecino chillaba la canción. La mañana continúo con dicterios y canciones de finales de los años ochentas.

Al escuchar salir al vecino lo intercepté para pedirle que moderara el volumen de la música y la corpulencia de las palabras con las que ensalzaba la calidad de la misma. Después de mirarme con reprobación me preguntó: ¿es que a usted no le gustan los clásicos? Por supuesto que me gustan; sólo que lo que usted escucha son canciones buenas, pero bastante jóvenes para considerarse clásicas. ¿Jóvenes?, preguntó el vecino; sonaron diez años antes que yo naciera. Lo que pasa es que usted es un vejete que no conoce de música, remató con insolencia. Dio media vuelta y se fue manoteando y renegando solo.

Al siguiente día me desperté a las siete de la mañana y coloqué el equipo a todo volumen y mientras sonaba Born to Run (Bruce Springsteen), héroes (David Bowie), Anarchy in the U.K. (The Sex Pistols) lanzaba baldones que ensalzaban la calidad de las canciones para vengarme de la insolencia del vecino y para sentirme joven de nuevo.

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