Sobre fiestas y décadas

Cada vez que suena un merengue de Wilfrido Vargas viene a mi mente el recuerdo de una de mis primas bailando en la sala de su casa y cantando con un esfero, un cepillo o lo que se estuviera a la mano, a guisa de micrófono los coros de las pegajosas melodías. Evoco las fiestas que organizaba en su casa en las tardes frías de viernes y la manera en la que se transformaba en el centro de la reunión gracias a su innegable talento de coreógrafa.

Hoy, al leer el post del Señor X , recordaba las fiestas de finales de los ochenta con toda su algarabía y con toda su falta de gusto: pantalones entubados; medias de lana gruesas sobre media veladas; copetes de veinte centímetros de altura que se sostenían gracias a una dosis sobrenatural de laca; pantalones de licra de colores fluorescentes o, lo que era peor, de colores chillones con lunares blancos; cortes de pelo a la usanza de Pedro el escamoso; etc. Lo mejor de aquellas reuniones era, sin lugar a dudas, el merengue. No lo digo porque piense que este género es el padre de la gran familia de ritmos tropicales, ¡ni más faltaba!; lo indico porque este género daba la posibilidad de salir a bailar sin saber hacerlo. Me explico: en este tipo de música el movimiento se lleva en las rodillas y no en las caderas, lo cual, como todos se imagina, faculta a cualquier mortal a bailarlo sin necesidad de ser experto.

Es por ello que en aquellas fiestas ganaba el que primero sacara a bailar a la niña. Si usted, por alguna razón del destino, no sacaba a bailar a la niña que le gustaba, se veía avocado a verla bailar con el tipo hasta que llegaban las baladas en inglés; en ellas las parejas se establecían o las conquistas se desarticulaban. Esta fase de la fiesta era, ¿cómo negarlo?, la más graciosa: se veían niñas con cara de aburrimiento bailando con tipos que cantaban “ojo cerrado y estirando pico”, como dice el Señor X; o, por el contrario, se veían parejas sellando el pacto de amor con un beso.

Claro que no todo fueron fiestas y peinados extravagantes: los finales de los ochentas fueron años en los que los extraditables instalaban bombas que empalidecerían a Osama. El terror que estos artefactos produjo en los habitantes persiste en la paranoia de los que tuvimos que escuchar estallidos ensordecedores o ver cuerpos mutilados desperdigados por la carrera quince, o por la carrera treinta.

Luego emergieron los noventas con su moda mesurada y con los bailes coreográficos que impedían la conquista por medio de la palabra. Con los noventa llegó la desmovilización guerrillera, la nueva constitución y el Estado Social de Derecho. Al final de esta década brotaron, como una hierba mezquina, las Farc y las crisis económicas.

El siglo veintiuno, para finalizar, trajo las fiestas ebrias de éxtasis y reggaeton. El respeto por la mujer emigró de las letras de las canciones y fue reemplazado por frases sexistas que denigran a la mujer a niveles intolerables. El baile, más cercano a una demostración orgiástica, abre la puerta a excesos que encalambrarían al Marqués de Sade. La economía, la política y el Estado Social de Derecho, oponiéndose al vigor reggaetonero, agonizan en las fauces de la voracidad consumista.

2 comentarios

Archivado bajo evocaciones, General, reflexiones

2 Respuestas a “Sobre fiestas y décadas

  1. Hola Diego, gracias por tus comentarios en mi blog y me alegro que fuera motivo para que escribieras uno sobre el tema. La cancion que inicia la tanda de rock en espanol, se llama Venecia y es de los hombres G.
    Seguimos en contacto Diego y debo decir que tu blog esta como siempre, muy bueno. Saludos.

  2. Diego Niño

    No sabe amigo X cuánto me reí ni cuántos recuerdos llegaron a mi mente cuando leí su post.

    Gracias por el comentario y por la visita. Nos seguimos leyendo.

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