Archivo diario: julio 17, 2008

Acotaciones al post: “De conquistas y estrategias”

ha ocasionado una lluvia de preguntas por parte de las lectoras: ¿cuánto duran tus relaciones? ¿Son estables tus relaciones? ¿Tus relaciones duran mucho porque están construidas sobre esa sinceridad que no da lugar a errores, o realmente tampoco funciona?

En primer lugar las mujeres, por alguna extraña razón, suponen que el hombre que habla abiertamente de sus defectos o bien es un loco que guarda bajo la cama una máscara de hockey y una moto sierra o se está burlando de ella. El caso es que con un hombre así no se debe entablar una relación.

Ahora, cuando la mujer hace caso omiso a las anteriores prevenciones la relación empieza bien pero termina pronto ya que ella, en contravía de mi postura, decide ocultar todos sus defectos para dejarlos emerger por las grietas de los primeros meses. En el momento en el que todas sus taras corren a su acomodo por los meandros del amor decido terminar la relación.

Si la mujer ha sido franca, finalmente, el noviazgo transita los meses sin sobresaltos.

En resumen: si la mujer no huye asustada y es sincera el lazo del amor no talla ni fatiga el paso por la vida. La razón: cada uno aceptó convivir con los defectos del otro lo que implica que el espacio para las desilusiones es bastante estrecho.

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De las calles al sexo y a la violencia

Hace casi dos meses recibí los resultados de un examen de sangre que dice mis niveles de triglicéridos están ocho veces arriba del límite normal. El doctor al ver estos resultados abrió los ojos y me dijo que tenía que tomar 1.2 gramos de gemfibrozilo, no probar las grasas ni las harinas y caminar lentamente durante media hora todos los días.

Las grasas y las harinas han desaparecido parcialmente de mi dieta, pero la caminata la cumplo sagradamente gracias a que ella me ha mostrado el barrio en el que he vivido cerca de once años: ahora veo al señor que vende hierbas aromáticas sentado en el andén tomando el sol o a la anciana que saca a sus nietos camorristas para que corran y se empujen en el parque; veo, incluso, el progreso en la adecuación de las calles o el crecimiento pausado de un cachorro café que medra en las tiendas de comidas rápidas que quedan a dos cuadras de acá.

Esta mañana, durante mi periplo habitual, pensaba que caminar tranquilamente por el barrio era posible gracias a que el diseño estaba pensado para que las personas hicieran justamente eso: caminar, descansar, mirar las nubes correr. ¿Qué pasaría si los andenes fueran más estrechos?
¿Cómo serían las caminatas si el parque no fuera el enorme potrero que es?

Al llegar al apartamento encontré en El País un artículo de Elvira Lindo dónde se afirma:

“Ya no hay niños en las calles. En muchas ciudades españolas, tampoco. En parte, por la inseguridad, pero también hay que agradecerle este fracaso a arquitectos, políticos, urbanistas, etcétera, que llevan años olvidando que parte esencial de la formación del niño está en la calle. Hay ciudades enteras que ya están echadas a perder; en Estados Unidos, casi todas. Y el modelo entusiasma, porque ahí está Pekín, destruyéndose a sí mismo para recibir a las visitas. Pero afirmar que este modelo de vida está condenado a fracasar por el insoportable gasto energético que supone y por la mierda de relaciones humanas que facilita, aún está mal visto. Con respecto a la vida de los niños, que están agilipollados de tanto estar en casa o en actividades extraescolares, hay voces de alarma. Débiles, pero significativas. El Ayuntamiento de Nueva York ha llenado la ciudad con carteles en los que se ve al genial monstruo Shrek diciendo: “¡Juega una hora al día!”. ¿No es increíble?” [1].

¿Dónde, me pregunté después de leer esta frase, juegan los niños de los países industrializados? En mundos virtuales con soldados masacrando enemigos, o en planetas rescatando esferas de poder con rifles de alta precisión, me respondí inmediatamente.

No sé ustedes pero yo pase mi niñez corriendo en pastizales y oscilando en columpios que rechinaban como si la articulación le estuviera apisonando la pierna a un grillo mutante, o jugando soldadito libertador en las calles. No sé si eso sirvió para algo, pero estoy convencido que no me causó daños superiores a algunas raspaduras en las rodillas o torceduras en los tobillos. En cambio la modernidad -con sus arquitecturas cerradas y sus espacios minimalistas- le ofrece a los niños pornografía en cantidades industriales, violencia en dosis suficientes para desmayar a John Rambo, sedentarismo y, la peor de todas, transforma a los niños en seres asociales –quizás debería decir, antisociales-.

Lo anterior nos lleva a una paradoja: se aleja a los niños de las calles para separarlos de los peligros y los internan en mundos virtuales donde la sangre y los líquidos seminales fluyen en torrentes ilimitados.

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De conquistas y estrategias

Hace algún tiempo una muchacha que acababa de conocer me preguntó cómo conquistaba las mujeres. Yo, después de mirarla a los ojos para medir la intención de la pregunta, le contesté que lo único que hacía era mostrar todos mis defectos. Ella al igual que ustedes no me creyó lo que le decía. Mentiroso, me dijo después de dar un sorbo corto al tinto; nadie conquistando dice sus defectos. Lo que pasa es a que los demás les gusta su lado amable; en cambio a mí me gusta mostrar mi lado oscuro, le respondí. ¿Por qué? Inquirió ella. Por la salud de la futura relación: el noviazgo no se liquidará a causa de un defecto oculto que saltó inesperadamente y agrio la mermelada del amor; se dañará, a lo sumo, por una virtud extraviada en los senderos de la corrupción o por una mujer que germinada en los médanos de la pasión. ¿No crees que le das mucha importancia al futuro de la relación? ¿Qué pasa si las relación dura una sola noche?, preguntó de nuevo. Si se trata de una relación de una noche lo realmente importante es que sea hábil en el sexo oral o que sea capaz de lanzarse desde el armario en flip flop inverso con tirabuzón y medio. Después que el silencio se hizo espeso la risa brotó de sus labios al tiempo que me preguntaba ¿Qué sea capaz de qué?…

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Yo también soy sentimental (Nelson Ned)

De los entresijos del mercado ha germinado la idea que los únicos hombres que tienen posibilidades de triunfar son aquellos que tiene sonrisa perfecta, mirada azul, abdomen cuadriculado, brazos marcados, bronceado mediterráneo y ciento ochenta centímetros de estatura.

Contradiciendo este dogma ridículo aparece la imagen de un hombre de ciento doce centímetros de estatura que ha logrado vender más de cuarenta millones de discos en el mundo, además de ser el primer latinoamericano en vender un millón de discos en Estados Unidos.

Si los anteriores datos no lo asombran le digo que este señor goza de la esquiva virtud de descuadernar sentimientos y enamorar a la más remisa de las mujeres con la vibración de su espesa voz. Se cuentan, además, por millones las mujeres que soñaron al amparo de sus canciones en los años setenta y millones fueron, asimismo, los hombres que impostaron su voz para ganarse el arisco corazón de las niñas del barrio.

Les dejo, pues, con el Gigante de la Canción.

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Respuesta al post “Sobre la diferencia de edad, el amor y la concurrencia de ellos”

En la casilla del correo encontré la respuesta de mi novia al post que escribí a propósito de una charla que tuvimos días atrás.

Dado que este blog es un lugar democrático que no censura las opiniones contrarias al autor, les dejo con la respuesta que ella me envío.

Algunas personas con las cuales he compartido o pensado tener como pareja no tienen una edad cercana a la mía. La diferencia puede ser en algunos casos grande.

Creo en el poder de la negociación, la escucha y la posibilidad de entender las situaciones de los otros de forma muy cercana. Es esa la razón que me hace pensar que la diferencia de edad en una pareja no es un asunto determinante y tampoco esto genera grandes o mayores conflictos que los de una pareja de edades cercanas.

Nuestra sociedad ha aceptado de forma rápida las relaciones entre personas del mismo sexo. Es común ya en algunos espacios de nuestra sociedad las banderas de múltiples colores, y el reconocimiento de la diferencia en distintos aspectos.

A pesar de ello si observamos un pareja en la que él la supera a ella en unos 10 o más años, la presencia de un beso es un asunto que escandaliza (ese hombre es un pervertido, ella es una niña; o en el caso opuesto ella está con un niño cómo es posible que sea capaz). Se piensa en qué razones pueden hacer que esa pareja este junta, se duda del afecto, de los sentimientos del uno por el otro, será cuestión de dinero, posición, poder, sexo o todas las anteriores. Amar parece estar sujeto a unas restricciones de quien observa, solo puede quererla (lo) porque es “bella o bello”, porque tiene una posición económica mayor, porque es más joven.

Las expresiones comunes parecen no atender a la libre elección, a la comodidad de alguien con mayor o menor experiencia. Si todos tenemos necesidades distintas, porque es diferente en el amor. Me dicen: esas relaciones de pareja no duran, son inestables, pero ¿tenemos garantía de que las otras no lo son?

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