Mi dulce esperanza

Hace algún tiempo conocí una niña de dieciséis años que no podía disimular la atracción que sentía hacia mí: sus movimientos eran nerviosos y su mirada tenía el fulgor de la prístina pasión; sus manos, como si lo anterior fuera poco, sudaban y temblaban. Cuando llevábamos dos minutos conversando en una cafetería se despidió, se paró y se fue trotando hacia, supongo, su casa. Después de este abrupto final me quedé en la cafetería pensando en la transparencia de sus sentimientos y en la honestidad de su pasión. ¡Qué hermoso espectáculo! Las mujeres mayores buscan, por el contrario, ocultar sus sentimientos o disimular, por lo menos, la pasión que les quema las entrañas. Esto lo hacen para que los hombres que no la cojan de “juguete” (eso es, por lo menos, lo que le he escuchado a algunas mujeres).

Al final tome una hoja que traía en la maleta y escribí este poema para alabar la inocencia de aquellos dieciséis años y la ternura de aquella mirada fulgurante.

Mi dulce esperanza

Por el camino del deseo te espero;
espero tu inocencia,
la dulce inocencia del olvido,
y el calmado mar donde reposan mis nocivas alegrías

                                                               (las malsanas alegrías que mi emocionada voz
                                                                te narró en el último parpadeo de Dios,
                                                               ¿lo recuerdas?)…

Al pie de mis muertos te reconozco,
y celebro el cansancio de mis mentiras
y el regocijo de tus realidades …

Al límite del embuste acecho la sinceridad de tus ojos
Como un condenado observa el hacha del verdugo
y observo que cruzas el triste túnel de mi melancolía
como el aire atraviesa la palabra…

Al final del delirio espero,
y te veo subir lentamente por la falda de la vida
con la esperanza alumbrándote el rostro…

Yo
tejedor de verdades ajenas,
te necesito
más que al agua de mis ansiedades
o al sol de mis tristezas…

Estas palabras regadas de miseria
claman en el desierto de mis posibilidades
por la cordura que huyó la mañana que te hable…

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Archivado bajo amor, General, poema, reflexiones

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