Evocaciones (2)

La mujer de la presente llegó a mi vida en los días en los que me escondía del murmullo espumoso de las mujeres: llegó una tarde de enero al apartamento a pedirme el favor que la dejara esperar a sus papás dentro de la residencia.

Ella era (o es) una mujer de líneas convergentes y de miradas sugerentes que nunca ceso de invitarme a conocer su comunidad cristiana. Yo era en aquel momento un hombre que pataleaba en el marisma del pesimismo, y que, por tal condición, nunca le hizo caso a aquella emanación divina. De ella guardo, al igual que la anterior mujer, un pequeño comentario en un cuaderno amarillo de evocaciones.

Que otra razón para escribir que las mujeres. Hoy, particularmente, me incito a escribir la presencia de L, mi hermosa vecina cristiana. En mi humilde concepto merece una nota de 7.8; es una mujer hermosísima, aparentemente juiciosa, seria, responsable y con unas nalgas 9.6 que, ¡ay Dios!, que nalgas. No hablé mucho con ella pero me saludo, o mejor, yo la salude de besito en la mejilla tan cariñoso que aún tengo la sensación de tenerla a mi lado. Me contó que en mayo termina sus prácticas y se gradúa en junio. Piensa trabajar y seguir estudiando (no les digo que es una mujer juiciosa, seria, responsable y con unas nalgas 9.6 que, ¡ay Dios!, que nalgas). Con la soledad que me asalta por estos días hasta pensé en decirle cuándo salimos, cuándo hablamos, cuándo nos cuadramos; no importa que seas cristiana, judía, musulmana, satánica; no importa que se opongan tus padres, tus abuelos, mis abuelos (desde el cielo), mi hermana; que importan las diferencias de filosofía, de anatomía, de geografía; no importa que seas una mujer juiciosa, seria, responsable y con unas nalgas 9.6 que, ¡ay Dios!, que nalgas; no importa que yo sea irresponsable, perezoso, desarraigado, desarrapado, desamparado, desadaptado, desalineado; no, no importa; no importa nada, ninguna de las anteriores objeciones, tampoco las próximas, ni las de más allá, sólo importa esta soledad que me perturba y esa soledad que te amenaza, pequeña mía.

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