Ella y Él (3)

La voz de ella tintineaba en su cabeza como las campanillas que meneaba su tía en la espesa floresta de las tardes de su niñez. El mayordomo, al oír la campana, llegaba arrastrando las frustraciones de una vida entregada a la ignominia de asistir durante cuarenta años a su primera y única novia. Después de atender las disposiciones daba media vuelta y se iba arrastrando la poca dignidad que se atascaba en el amor que aún le profesaba a su señora.

¡Ah, la tía Magnolia; con sus costumbres inútiles y su soltería a prueba de rufianes! Pensaba él detrás de la estela de humo de su cigarrillo.

Un instante después su mente retorna al sendero de voces agudas y secretos susurrados en las tinieblas de la tarde. Su imaginación, minutos después, trenza las palabras que ella le murmullo con acentos oídos bajo la canícula, al filo del mar, o en la humedad de las ciudades que resisten los inagotables aguaceros de los andes. Ninguno de ellos se ajustaba a la cadencia que escoltaba las palabras que ella pronunció.

El humo del cigarrillo entra a sus pulmones como una caricia seca del viento; sonríe al sentir sus pulmones llenos de tabaco; sopla con suavidad y el humo emerge, dócilmente, de su boca y de su nariz.

Observa los charcos que reflejan la luz de los faros y los círculos concéntricos que generan las gotas de la llovizna. Asiente lentamente. Sonríe de nuevo. Mira el reloj. Es media noche. Mira hacia arriba para ver la luz de la luna combatiendo con la densidad de las nubes. Así es el amor: la constante lucha de la vida contra la nebulosidad de la muerte.

Apaga el cigarrillo en el cenicero; se sienta, después de una silenciosa pausa, a escribir la primera de la abundante colección de misivas que le escribirá a aquella mujer de mirada gris que conocería por efectos del destino.

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2 comentarios

Archivado bajo General, narraciones

2 Respuestas a “Ella y Él (3)

  1. alicia

    Ella, despertó esa mañana y sonrió. Siempre sonreía luego de tener sueños lindos, pero esa mañana en especial, tenía algo diferente; sonreía porque sabía que aquel sueño lindo era el recuerdo de él, la imagen de él en sus sentidos; su felicidad ahora supeditada a él. Desechó de inmediato esta idea, se vistió apresuradamente y salió casi corriendo de su hogar, creyendo que de esta forma él permanecería en su cuarto, tal vez en su almohada , hasta cansarce de esperar y desaparecer entre los miles de pliegues formados en su desordenada cama.Sabía que esto no pasaría, pero necesitaba salir.

  2. Diego Niño

    No esperé que continuaras tan rápido la historia. Tu parte ya está publicada con su respectiva continuación.

    Un abrazote

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