Carta al silencio de la noche (5)

Hace un tiempo me dijiste que le vida podía sobrevivir a la penumbra del infortunio. ¿Recuerdas que aquel día me sembraste el alma de geranios con tus manos de astromelia?

Ahora, cuando la vida me encierra en esta mazmorra oscura donde sólo tengo derecho a ver el techo de mi infortunio, evoco aquella mirada de autoridad que desentonaba con esa voz dulce que me auguraba finales sepias, con avenidas asfaltadas de girasoles marchitos y vaqueros con revólveres humeantes. Recuerdo también aquellos poemas que murieron a causa de tus huidas al negro universo de togas y birretes, o las centellas que se derretían en las tardes frías en las que tus manos evitaban el contacto de las mías…

Pero el motivo de la carta no es para reclamos por ausencias o evasiones; no; la razón de la misiva es para celebrar un año de equívocos, desencuentros, coronas, destellos, margaritas, begonias, caminos divergentes y corazones concéntricos. Hace un año nos encontramos en aquel cerco de sueños perdidos en el que quedaste suspendida como una estrella amarilla; al verte así sólo acerté te pedirte doscientos gramos de delirios y quinientos kilos de suplicios. Tú, con la sonrisa ladeada, accediste a la petición: me arrojaste las migajas que te quedaron suspendidas en la camiseta que custodiaba un cocodrilo de manso tono. Con ellas construí un castillo de suspiros raídos y de ambarinos puentes levadizos del que huiste con la primera lluvia de hojas.

Hoy, cuando contemplo una foto de fondo gris, en la que miras a la cámara con sonrisa postiza, te envío una llovizna de recuerdos y un poema de Ángel González.

Cumpleaños De Amor

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán mana en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo General, personal, serie cartas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s