Sobre esperanzas y regocijos

En mi cabeza sólo existe una Penélope. Esta no es, como supondrán, la esposa de Ulises. La Penélope que habita mi cabeza es una mujer entrada en años (cincuenta y tantos) con la cabeza cana que espera, sentada en un banco verde, el regreso de Arcadio (no sé porque siempre he pensado que se llama así). A esta mujer la veo en las tardes secas de algún pueblo abanicándose con la mirada perdida en el horizonte.

Esta imagen me acompañó en los lejanos días de despecho y en el amanecer, húmedo y alegre, que sobrevino al desamor. Hoy, gracias a una carta, he vuelto a sentir la mirada serena de aquella mujer y he sentido el relente de su perfume visitando mi cuarto frío. A la misiva, le debo, asimismo, el haberme traído los versos de aquel poema de Ángel González que dice:

Muerte en el Olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
Inteligente, y en tu sencilla
Ternura, yo soy también sencillo
Y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
Quedaré muerto sin que nadie
Lo sepa. Verán viva
Mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita…

A ella, a la autora de la carta, sólo le puedo decir que todo conflicto es una bendición de espaldas; lo cual indica que se debe superar para poder verlo de frente y conocer su verdadero sentido.

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