Sobre recuerdos y consentimientos

En mi niñez yo era el tirano de la casa: gritaba, exigía, lloraba, escupía y maldecía. Era, como lo ven, un niño encantador. Mi mamá respondía a estas ramplonerías con palmadas. Yo, al sentir el calor de la primera palmada le decía: no me dolió; deme más duro. Ella repetía el castigo. No me dolió; le decía de nuevo. Ella me pegaba varias veces con toda la fuerza de su mano; yo, al borde del llanto, la seguía instando para que me siguiera dando palmadas. Mi mamá, con el paso del tiempo, decidió cambiar la mansa mano por chanclas, palos y cables. La presencia de estos elementos me intimidó al comienzo, pero al final me importaba un pito el dolor, y la seguía invitando a que repitiera la reprimenda. No lo hacía por que sintiera placer en el dolor; no; lo hacía porque sabía que eso enfurecía más a mi mamá. Al final ella optó por cambiar el castigo físico por una cantaleta de horas que era capaz de asesinar a un marrano. La elección fue acertada a medias: prefería que me pegara a que me sometiera a esa tortura insufrible, pero seguía haciendo lo que me venía en gana. En los últimos años mi mamá ha decidido dejar de regañarme y, aún, de aconsejarme dejándome solo en la manigua de lobos y arpías.

Lo curioso del asunto es que las mujeres que me conocen de toda la vida, las que me conocen de algunos años y las que me acaban de conocer coinciden en que soy un hombre mimado. ¿Mimado? Me pregunto después que me lo dicen. Mi mamá siempre estuvo contra mis deseos; la vida no ha sido ni generosa ni mezquina conmigo; no he tenido un harem de mujeres que satisfagan mis deseos, no he tenido toneladas de dinero para satisfacer mis instintos. Nada de eso. ¿Por qué, vuelvo a preguntarme, consideran que soy un hombre mimado?

Si tú eres una de aquellas mujeres que me considera mimado te pido, ¡por el amor de Dios!, que me digas ¿por qué crees que soy un hombre mimado?

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2 comentarios

Archivado bajo evocaciones, General

2 Respuestas a “Sobre recuerdos y consentimientos

  1. Pilinguiña

    Pues yo que acabo de entrar en tu blog humildemente te doy mi opinión.
    Eres mimado porque tu madre siempre estuvo pendiente de tí, para pegarte, para regañarte y ahora para dejarte hacer.
    El mimo es ir detrás de los deseos del “ser mimado” y tú tienes mucho mimo.

    P.D. Me gusta mucho tu blog.

  2. Diego Niño

    ¿En qué notas el mimo? Es decir: ¿el mimo se nota en mis palabras (no solo en las de este post sino en las palabras en general o en la manera en que las digo? Lo pregunto porque tengo la sensación que mi lenguaje exhibe mi condición de hombre mimado.

    Agradezco tu visita, el comentario y el que te haya gustado mi trabajo.

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