Archivo diario: mayo 11, 2008

Carta al silencio de la noche (3)

Amorcito lindo; sé que la distancia que consume nuestro hálito es cada día más difícil de sostener; sé que el salitre de los años se adhiere en las paredes de tu corazón cada vez que recuerdas la disparidad de edades; sé que la vida baraja el mazo con cartas olorosas a desventaja en nuestra contra; sé que tú transitas la vida con pasos acelerados en cuanto que los míos son tardos, como la felicidad; sé que nuestro amor nació en la grieta oscura del destino; sé que somos cenizas lanzadas a la penumbra del tiempo…

Amorcito, lo anterior, tú lo sabes, no ha sido obstáculo para que nuestros corazones se unan todas las tardes melancólicas en las que la vida muere o se reúnan en el nudo del amor que ahorca la rutina. Hoy peleamos por aquellos grumos verdes que nacen en las orillas de nuestra relación: aquellas espinas que rasguñan inocentemente nuestros tobillos cuando transitamos el camino de la confidencia. El coágulo nació de mi indolencia frente al asedio del cordero con dientes de lobo: frente a la embestida de la inofensiva bestia respondí con estúpidos gracejos en lugar de rechazarlo con enconados improperios. Mi vida, perdóname por ser tan pasivo, o por esconderme bajo las faldas del humor negro; tienes razón, pero entiende que esas es la forma en la que mi corazón y me cabeza afrontan las adversidades (gracias a esta táctica he digerido 28 años de vida). Supongo que este argumento no te satisface en lo absoluto, pero esa es la única razón que te puedo dar princesa hermosa. El grumo, inocente en principio, fue creciendo hasta tocar las bases de nuestro amor; en ese momento me puse iracundo, te grite e intente, incluso, colgarte el teléfono. Luego hablamos torpemente hasta llegar a la dársena del convenio; entendiste que me molestó aquella petición confusa: disfrazar la verdad con aquella facundia falaz que descuella en la dirigencia; me ofendió de tal manera dicha petición que tuve la intención de decirles la alegre verdad; finalmente accedí y puse a girar la mentira. Ahora, minutos después de hablar contigo, entiendoque el hecho no es para tanta indignación. Con esto no justifico tu proceder ni respaldo tu inmadurez: simplemente digo que el detalle fue grotesco pero no perverso. Lo único que quiero recordarte es que no volveré a tu ciudad bajo la sombra del engaño; nunca, mientras esta mentira siga en pie, andaré por las calles de la urbe; en tus manos queda, por lo tanto, mi futuro en esa región. El otro terrón que malquisto nuestros corazones pesa sobre mí; admito que no le di la relevancia que merece a este día; las causas, mi vida, son diversas: van desde las ocupaciones hasta la cita con el neurólogo; sé que ninguna de ellas es suficiente para justificar la incuria con la que peregriné por este día. Mi vida, te lo he dicho miles de veces y te lo vuelvo a decir: tenme paciencia; ajústate a las hendiduras de mi personalidad y a las aristas de mi carácter; sé que te pido mucho, pero haz un esfuerzo. Yo, por mi parte, te prometo que me ocuparé de podar mis defectos; intentaré, incluso, desenterrarlos de mi vida. Te digo, por último, que la pelea de hoy, más que alejarme de ti, me acerca: sólo tú, hermosa princesa, te aferras a las fisuras y a las salientes de mi escapada personalidad; sólo tú amas sus deformidades y padeces su filo; sólo yo, por otra parte, batallo contra tu borrascoso genio y admiro la belleza que este encierra; sólo yo tolero los truenos que nacen del margen de tu alma cuando estás irascible. Creo que sólo tú te amoldas a mí, y que sólo yo me ajusto a ti.

Sólo esto quería decirte muñequita linda… En realidad te quería decir eso y que te amo muchísimo; cada día que pasa encuentro nuevos motivos para amarte, para esperarte en la oscuridad de la distancia; cada día es una nueva oportunidad para hallarte, para bañarme en la lluvia de palabras que se deshojan de tu alma cuando oyes mi voz al otro lado del silencio…


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Rosas y Reflexiones

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Hoy todos corren a servirles el desayuno a sus progenitoras, a invitarlas a almorzar y a lavar los platos sucios. Las calles, asimismo, se visten de rosas y los payasos se despelucan anunciando platos especiales en los restaurantes de barrio. Las mamás iluminan con sonrisa de halagadas centros comerciales y avenidas.Pero mañana, los que hoy llenan de regalos y de almuerzos a sus madres, no les importará excluir la petición de empleo de una madre soltera, o rechazar a una madre de cinco hijos en un préstamo. La razón de tal decisión: toda madre soltera pide muchos permisos o ninguna madre de cinco hijos tiene solvencia para pagar las cuotas del préstamo. ¿Dónde queda, entonces, el fervor y los valores que se supone alienta esta celebración? ¿O es que esta fecha sirve tan solo para decirle a la mamá: “yo te quiero un desayuno en la cama, un almuerzo fuera de la casa y la lavada de la loza en la tarde”? ¿Acaso las mamás de los demás no cuentan?

Este día debíamos, además de agasajar a nuestras madres, reflexionar sobre la situación de las mamás que mueren de hambre bajo un puente, o las que luchan a brazo partido para no dejar morir a sus hijos o las que, por una razón u otra, viven penurias de cualquier naturaleza. Lo malo es que se nos ha inculcado la noción que la fecha es para lisonjear a “nuestras madres”, acentuando aquel concepto de lo mío y los míos es lo único relevante (concepción opuesta al paradigma de lo suyo, lo de ustedes y, peor aún, lo nuestro, importa un pepino ya que vivimos para triunfar y nadie vence conviviendo o repartiendo sus ganancias)…

En fin; el post era para enviar, desde esta humilde esquina del universo virtual, a todas las madres que combaten contra la segregación, la miseria y la adversidad un abrazo y un ramo de rosas. 




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