Homenajes y Dedicatorias

En los largos años de permanencia en la Universidad Nacional he tenido la oportunidad de conocer a cientos de estudiantes. Todos, se los puedo jurar, tienen alguna excentricidad, alguna historia curiosa o alguna particularidad.

Recuerdo, por ejemplo, a un estudiante que venía de Cauca y que era capaz de hacer cien carambolas de una tacada. Él casi nunca, por no decir nunca, entraba a clase. Un buen día le pregunté por qué se había presentado a la sede Bogotá, el me contesto, sin dejar de tacar, “porque me dijeron que en Bogotá habían buenas mesas de billar”.

Pero no todos son jugadores consumados. También hay estudiantes adictos al estudio. Ellos se encuentran en alguna de las veintitantas bibliotecas que hay en la universidad. No faltan a ninguna clase. De poca conversación y de trato áspero son los que, al término de la carrera, se llevan las becas a universidades europeas. Ellos, aunque les suene extraño, matizan los convulsionados colores de la universidad con sus miradas perdidas o sus paseos meditativos.

Entre los excéntricos recuerdo a uno que se pintaba el cabello de verde, rojo, violeta, o azul, alternadamente. Su pasión, decía él, era rescatar del olvido a Hermes Trismegisto y demostrar que en el alta edad media los alquimistas habían logrado transformar el plomo en oro. Un buen día el señor de cabello policromático desapareció del orbe. Algunos aseguran que entró a una secta secreta, otros dicen que ahora viste de paño y estudia en otra universidad.

En una materia que tome en historia tuve una compañera alemana que estudiaba algo cercano a Ciencias Políticas. Pensaba hacer la tesis en Países Subdesarrollados; y dado que la mejor manera de estudiarlos era vivir en ellos, vino a Colombia. A la pregunta obligada de ¿por qué elegiste este país? ella siempre respondía con impecable acento “porque ustedes son más enredados que una bulto de anzuelos”. Nadie sabe quién le enseño o dónde aprendió la manida respuesta; lo cierto es que (hace unas horas me enteré) ella no retornó a Alemania a terminar sus estudios sino que hizo hogar con un nativo del país de los enredos y de los anzuelos.

Entre los miles de estudiantes había una que caminaba con la esperanza brillándole en sus magnéticos ojos negros. Sus palabras, sopesadas en la balanza de la reflexión, rozaban el aire de la universidad. Ella, al terminar sus estudios, emergió al mundo laboral para continuar su educación en una plaza foránea. Los compañeros y la marginación tácita de ellos le impulsaron a recordar los trotes de quince minutos para poder ver materias en biología o los ambarinos atardeceres que paso, frente a la facultad, recostada en un árbol. La nostalgia amobló, desde entonces, su corazón.

Años después, en una mesa metálica de la Universidad Nacional, indagando con la mirada las transformaciones de la universidad, nos conocimos. Ella nostálgica y yo inmerso aún en los pastizales, las abejas y los almuerzos comunales. El encuentro fue breve y estuvo mediado por tres comentarios sobre las reformas académicas y administrativas. Ella, quizás, no escuchaba porque navegaba en la densidad de aquella noche…

Estas palabras son trazadas como homenaje a la niña que conocí aquella noche de diciembre y testimonio de la pluriculturalidad de la Universidad Nacional.


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2 comentarios

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2 Respuestas a “Homenajes y Dedicatorias

  1. LEON

    ESTO NO ME SIRVE DE NADA, YO QUIERO DONDE VEA LAS DEDICATORIAS
    POR EJEMPLO:

    ” A MI FAMILIA QUE ME AYUDO A HACER ESTE LIBRO”

  2. Diego Niño

    Lo siento; está buscando en el lugar equivocado!…

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