Carta al silencio de la noche (1)

Cuando era niño había un loco que cojeaba gracias a que una buseta lo atropelló en la avenida sesenta y ocho. El loco se presentaba como Cacocha. Decían los que lo conocían que era un señor de una cuantiosa herencia representada en enormes terrenos y casas desperdigados en la geografía Boyacense y que su nombre era Carlos.

Me acuerdo que una tarde lluviosa mi papá me señaló un campo sembrado de trigo que se perdía en el horizonte gris; después que lo contemplé esperando encontrar algo anormal mi papá me dijo que este pertenecía a Cachocha.

La particularidad que más recuerdo de este pintoresco personaje era que le gritaba a la luna llena porque lo seguía. Todos los meses lo escuchaba vilipendiar al impasible astro por hostigarlo en las noches claras.

Un buen día Cacocha decidió lanzarse del segundo piso de una de los manicomios en los que lo recluía su familia. Su cuerpo, maltrecho ya por el trato deshonroso del lugar, no resistió el impacto dejando escapara el alma virgen del señor Carlos

En esta noche sin luna llena ni locos bullangueros tu recuerdo enseña sus ribetes anaranjados y sus ridículas blondas. Y lo peor del asunto es que tu recuerdo me obliga a hacer justamente lo que hacía el viejo Cacocha a la luna: hablarle al mutismo de la pantalla con la esperanza que tú, luna silenciosa, respondas mis correos. Yo, al igual que Cacocha, estoy seguro que me escuchas y que alguna de mis palabras te conmoverá. La diferencia con él es, por supuesto, que mis palabras no acarrean la aridez del insulto, sino que traen la pasividad del interrogante.

En este punto, si aún continuas leyendo, te preguntarás por mi insistencia. Pensarás, quizás, que estoy más desequilibrado que el manso loquito que arrastraba su pierna derecha por las calles del dolor y que mis quejas cesarán algún día. Supondrás, posiblemente, que mi paciencia se lanzará del segundo piso de la razón y perecerá magullada sobre el pasto de la realidad. ¡Qué ingenua! Mi paciencia resiste más que el macerado cuerpo de Cacocha, ¡te lo aseguro! La realidad así lo demuestra: han pasado más de seis meses desde que me escribiste tu e-mail en un pedazo de hoja blanca.

(Recuerdo que cruzaste el último cero con una línea oblicua para que no se confundiera con la o. Te dije que ese cero demostraba que tus pasos habían errado el camino; que tu vida no debería estar en ese mundo almidonado y edulcorado; tus pisadas, te dije, deben avecinarse al universo de la fantasía)

Te dejo para que reflexiones sobre la soberbia de tu silencio y el sosiego de mis ruegos.

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7 comentarios

Archivado bajo General, personal, serie cartas

7 Respuestas a “Carta al silencio de la noche (1)

  1. Diego, muchas gracias por tus palabras.
    Lamento si alguno de los apasionados votantes dijo algo que te disgustara, te aseguro que me ha sorprendido el apoyo y muchos de los que votan ni siquiera imagino quienes pueden ser. Me alegra mucho que dos temáticas tan diferentes generen tanta pasión. Ya no importa el resultado, sé que ganamos los dos. Importaba ganar? sólo quería mostrar lo que hago, saber si alguien lo quería ver.
    Te mando un abrazo
    Quién sabe, algún día te envíe algunos de mis cuentos sobre bonsái o si alguna vez la publico, mi novela titulada Tanuki.

    Sergio

  2. Diego Niño

    Sergio; nadie de los que tomaron la bandera de tu blog me ofendió. Me parece que los que se apropiaron de mi enseña (que tampoco sé quiénes son) ofendieron tu trabajo. Lamento, de nuevo, que esto haya sucedido.

    En cuanto a ganar o perder, creo que no tiene importancia. Los dos ganamos en la medida en la que concitamos la euforia de centenas de lectores y perdimos porque nacieron, por la misma vía, cientos de detractores. Lo realmente importante es que hay personas que consideran que nuestro trabajo es muy valioso, lo cual, sobra decirlo, es la mejor recompensa, y es el mejor incentivo para continuar en él.

    Si algún día quieres publicar alguno de tus escritos, o algún comentario, puedes hacerlo desde este acá, desde tu segundo blog.

    Desde la fría Bogotá te envío un abrazo

  3. alicia

    Hola Diego, pertenezco a la hermosa estirpe de lectores que consideran que su( de ustedes) trabajo es valiosísimo…las razones, pues de cada cual, cierto?aunque te reconozco una: entre-tenimiento, también podría llamerse entre-sostenimiento; ampliando: estamos inmersos en una clase de simbiosis líquida, tu ( de ustedes)escribes, nosotros leemos, ambos felices o no tanto, pero ahí, seguro…Imagínate (…) sentado en el pasto leyendo, de espaldas recostado contra alguien que imagina lo que lees (que no puede ser cualquier cosa); tu fascinado por el genial lenguaje empleado en el libro y por la fascinante descripción de los sucesos que en él, el autor desarrolla; el “otro”, felizmente absorto en la recreación de los sucesos que tu describes como si de tu vida se tratara (aunque es así…), entonces ninguno está dispuesto a retirarse, pues terminaría el apoyo.

    Te cuento que me gustó especialmente tu “Carta al silencio de la noche”.

    Te envío un abrazo.

  4. Diego Niño

    Hola Alicia. Gracias por visitarme de nuevo. Confieso que el silencio de las últimas semanas fue bastante difícil de sobrellevar. Tus comentarios y tu presencia son, aunque no lo creas, parte fundamental del aguijón de la espina.
    En cuanto a tu comentario te cuento que soy el único que escribe en el blog (hay dos excepciones: Amparo, mi novia, escribió el Post Número cien y Diego Jurado, un compañero bloguero, escribió una nota el 26 de abril. Este post, en particular, es una misiva que nunca salió de las casillas de mi correo; la historia del loco Cacocha es real en todos sus puntos (cojeaba, lanzaba improperios a la luna, etc.), así como el hecho que la destinataria nunca respondió, en seis meses, los correos que le envíe. Si ella algún día me lee este blog quizás se reconozca en estos escritos y decida escribirme para borrar la descortesía de no responder a ningún correo.

    Gracias, por último, por las adulaciones a la manera en la que escribo.

    Te envío un abrazo desde la fría y cada vez más lluviosa Bogotá

  5. alicia

    Aclaración: 1.no suelo “adular” a nadie, pero no se me dificulta en lo absoluto, reconocer ciertas cualidades a no muy numerosas personas; 2.Al decir (de ustedes) me refería a “estos” (ustedes): “Los dos ganamos en la medida en la que concitamos la euforia de centenas de lectores y perdimos porque nacieron, por la misma vía, cientos de detractores”
    De nuevo, un abrazo…

  6. Diego Niño

    Cuando le decía a Sergio: “Los dos ganamos en la medida en la que concitamos la euforia de centenas de lectores y perdimos porque nacieron, por la misma vía, cientos de detractores” me refería a los lectores del blog de él que me consideraron el enemigo número uno a causa del concurso “Blogobundos”. En cuanto a Sergio algunos señores también lo ofendieron gracias a adelantarse en las votaciones y dejarme atrás. Las temáticas de él y la mía son, como dijo Sergio, muy diferentes. Creo, por lo tanto, que la adhesión o la oposición no eran por nuestro trabajo sino por la dinámica de la competencia.

    Un abrazote.

  7. Pingback: Post Número 200 « Con Vocación de Espina

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