Diego Jurado, Escritor Invitado

En las grietas de “Blogobundos” conocí a Diego Jurado, autor de Ego Sum Qui Sum. En los albores de la amistad que ha nacido entre los dos lo invité a escribir para este blog por dos razones: tener el placer de contarlo entre los colaboradores; segundo, para que su incursión en estos parajes incite a los demás lectores a enviar escritos para el blog.

Si usted se está empezando a animar le cuento que el tema es libre. Preferiría, además, que el post no sea superior a una hoja puesto que no encajaría en el formato del blog. Pero si tiene algo un poco más extenso puede enviarlo que yo lo leeré y estudiaré la posibilidad de publicarlo…

Volviendo al tema, les cuento que esta tarde encontré, para mi asombro, un correo de Diego. En él me informa que abrió un nuevo blog y que escribió un post para las casillas de este lugar. La dirección del blog se las debo ya que Diego olvido ponerla en el correo. Pero no se preocupen, nada se ha perdido: haré una reseña a tenor de invitación para este nuevo espacio de reflexión.

No quiero alargarme más para no aburrirlos. Sólo me resta agradecerle de corazón al talentoso Diego y a ustedes invitarlos a que sigan su ejemplo. Los dejo, pues, con el post de Diego Jurado. ¡Gócenlo!

 

“¿Quién no ha soñado con una biblioteca de Babel? Una torre que se eleve hasta el cielo y se pierda en las aguas de Caronte, en las profundidades dantescas del castillo siete veces hecho piedra. Horas interminables persiguiendo diccionarios para terminar, lápiz en mano, con una traducción más propia, viciada. Libro tras libro ir limpiando el polvo acumulado, producto de una mala ventilación. La peor parte para nosotros los alérgicos que, luego de estornudar unas cuantas veces, sólo alcanzaríamos a dar vuelta a la página; y diez páginas más tarde caeríamos deshidratados sobre algún estante, como hojas desprendidas de algún tomo enciclopédico. ¿Quién no se ha despertado del sueño para ir al baño a vomitar? Vomitar frases apenas desprendidas de la boca, frases obscenas, impúdicas”

Cómo tener vocación de espina, cómo colarse entre los tejidos del mundo circundante en medio de constantes desvaríos; la ciudad, impermeable, no permite insuficiencias, y tampoco permite intromisiones. El trabajo de la Espina – no hablo del trabajo de cualquier espina – es bastante complicado. Debe llegar hasta el fondo, introducirse con cuidado allí dónde quiere entrar y salir dejando un pequeño rastro de sangre (no debe salir sin resultados y no debe matar a su víctima). ¿Quién no se ha soñado siendo espina?






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