Sobre la edad, sus obligaciones y sus consecuencias

Hace dos días una jovencita de diecisiete años me preguntó por mi edad. Le dije que tenía veintiocho años. ¿Veintiocho años y aún no estás casado?, me preguntó ella con cara de escepticismo. Pero tienes novia ¿cierto?; continuó. Sí, tengo novia, le respondí. ¿Qué se supone que debo hacer a mi edad? Le pregunte, después de una pausa. No sé; estar casado y con hijos; no ves que ya eres un señor mayor; me respondió mirándome a los ojos para afianzar las palabras.

Después me senté a meditar sobre la respuesta de ella: un señor mayor ¿Qué habrá querido decir con eso? A los veintiocho años no se es mayor; es más, no se es señor. Aún eructo sonoramente después de tomar gaseosa como lo hacía a los quince años; veo, asimismo, Los Magníficos y duermo hasta tarde. No veo cuál es la incompatibilidad entre el que era a los quince y el que soy ahora: él como yo somos perezosos, vagos y mamagallistas; la única discrepancia es que el de quince ostentaba un pelamen encrespado que desafiaba las tijeras y el de ahora exhibe una frente amplia y brillante escoltada por una línea tímida de cabello, pero nada más.

Anoche llamé a una vieja amiga que está cumpliendo veintiocho años hoy; me dijo que tenía problemas de cálculos en la vesícula. No te preocupes que si se trata de cálculos no hay quién me gane: he cursado, uniendo las dos carreras, doce cálculos y tres análisis. Creo que no hay quién sepa más de eso que yo; le dije con voz de catedrático. ¿Lo de la vesícula tiene que ver con la Lemniscata de Newton? Si es así lo aconsejable es pasar de coordenadas rectangulares a polares; continué con la misma arrogancia. No; los cálculos en la vesícula son unas piedras que punzan como si fueran espinas; interrumpió ella. ¿Será que a los veintiocho años se entra a la decrepitud? Continuó; porque la verdad me siento muy mal. No supe qué responderle. Colgué y me senté de nuevo a reflexionar.

Hoy, varias horas después, no encuentro la razón porque mi amiga una mujer de diecisiete coinciden que los veintiocho años es una edad avanzada. A esta edad no he conocido nada de la vida: aún quedan países por conocer, mujeres por enamorar y materias por perder. A los veintiocho años las verdes hojas de mi juventud aún no han empezado a declinar su testa; la primavera empieza a anunciar su arribo con lloviznas de regocijo y los senderos no han sido empedrados con la experiencia. A los veintiocho años, en suma, no se ha empezado a vivir. ¿Por qué, insisto, suponen que es una edad avanzada? ¿Será, acaso, que a las mujeres el reloj les corre más rápido? Quizás sea esa la razón. Por ahora la pregunta queda abierta a la deliberación…

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10 comentarios

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10 Respuestas a “Sobre la edad, sus obligaciones y sus consecuencias

  1. alicia

    Tengo 27 años y si, pesan.
    Mi humor, sorprendentemente se ha tornado esquivo, ya no me río tanto como antes.Sé lo que es administrar un miserable salario y lo que es peor, ahora me hace falta!!!!!!!!!!Ya sólo me reuno con mis amigas alrededor de un tinto, la época de los bares terminó y fué miserablemente reemplazada por los “cafés”; ahora lo que piense la gente de mí, se ha vuelto motivo de preocupación. He comprado cien mil cremas entre humectactes y no se que más para manos, cara, cuerpo. Ya no soy capáz de viajar si no llevo una maleta como de recién casada en su luna de miel. Y ni se hable de trasnochar, perdón que es eso????
    Bueno, la cosa no es en sí siniestra…es más bien…apabullante.
    Pero no creo que se limite al campo femenino,no. Todos pasamos por eso; así que Diego, explota al máximo tan sorprendente virtud, no te contagies de solemnidad, resiste con coraje y demúestranos que es posible esquivar, aunque sea de ladito, todo aquello que conforma la tan magificada”sensatez”

  2. Hola Alicia.

    Créeme que es muy grato tenerte de nuevo entre los comentarios.

    La solemnidad corresponde a darme cuenta que las hojas caen en el jardín del tiempo sin misericordia. Debo aclarar, sin embargo, que para los hombres la situación es más ligera ya que la cronología biológica es más compasiva: el reloj para tener hijos no se muestra tan perverso con nosotros; ustedes, por el contrario, se sientes presionadas puesto que no pueden tener hijos en cualquier momento de su vida.

    Lo que no entendí Alicia es aquello de “explota al máximo tan sorprendente virtud”. No es muy claro a qué virtud te refieres.

    Alicia, me gustaría que entraras a la convocatoria del post número cien. Creo que eres una de las más indicadas para escribirlo puesto que tienes una inclinación a la temática del blog además de haberlo recorrido, quizás, en su totalidad . Si te decides puedes enviarlo al correo del blog vocaciondeespina@gmail.com o al mío diegoninho@gmail.com . Si quieres decir algo que no quieres hacer público puedes escribirme a uno de estos correos.

    Te envío un abrazo desde la fría Bogotá.

  3. Jejejeje viejo Diego cuándo uno empieza a reflexionar sobre su edad y cuándo la conclusión de esa reflexión es que aún no se está viejo, créeme: ese es el síntoma más claro de que, si no viejo, por lo menos joven ya no se es… cuando se es joven esos temas ni se atraviesan por accidente… así que a casarse y a tener hijos porque compadre quizá no sean muchas las mujeres que falten por enamorar y quizá los países que faltan toque conocerlos por el Discovery Channel y mejor no pierdas más materias porque según la ley de juventud hace dos años que ya no eres joven, así que adiós becas… En fin, solo pasaba a dejar mi comentario positivo…  Ah! Y mucha suerte en blogomundos

  4. Diego Niño

    Quizás tengas razón Rodolfo: estoy entrando a los días en los que el amor emigra a las praderas aún verdes de los vecinos; los países serán un susurro gris que desfilará en mi memoria… O posiblemente sea al contario: este sea el mejor momento para conocer países, mujeres, dardos, abrojos y las estrellas que mis inocentes ojos no han contemplado. Al fin y al cabo sólo he gastado la tercera par de mi vida; me restan dos terceras partes que son algo así como el 66% de la existencia. Creería, eso sí, que estos no se deben dilapidar en compromisos ni en responsabilidades sino en alegrías (ojalá malsanas).

    Muchas gracias por el comentario y por el deseo en el concurso; ¡ya tengo a Argento de un ala! Gracias, asimismo, por la postulación a mejor blog en las votaciones de blogueros.

  5. Pingback: Sobre los días hundidos en el fango del tiempo « Con Vocación de Espina

  6. Pilinguiña

    Yo sí que me estoy riendo… por no llorar.
    Te veo a los cuarenta en la sala de espera de tu médico dando cuenta a los compañeros de sala, de tus múltiples achaques, entre ellos la depresión por soledad traumática.
    Y digo “soledad traumática”, por aquello de que te crees que vas a tener los 28 toda la vida. Una vez que entras en los “ta”, la vida corre a tal velocidad que da miedo.
    En cuanto a eso de que a las mujeres nos atropella el tiempo con la maternidad, es una verdad incontestable, por burras e incautas. Si supiéramos antes de ser madres, lo que envejece, todas seríamos solteras y totalmente enteras.
    A vosotros, os atropellan otras cositas, como un abdomen hinchado y una incipiente calvicie.
    Siento ponerte de frente con la cruda realidad, pero que sepas que, después de los 28 llegan los 48 en un sin sentir.
    PilinguiñaDolorida

  7. Diego Niño

    En cuanto a lo del abdomen abultado y la calvicie os digo que me han acompañado los últimos cinco años. Y si de narrarle a los demás mis achaques te cuento que desde los 23 años visto un doctor mensualmente a causa de una secuela de un accidente de tránsito. El año pasado me descubrieron, por otra parte, un hemi bloqueo artero-superior en el corazón. Padezco apnea CPAP desde hace cinco años… Ahora que lo pienso empecé a envejecer a los 23 años… ¡Ay!

    Gracias por la visita y por el comentario

  8. Pues verás cuando llegues a los 30. Pobrecito vas a necesitar mucho, pero que mucho mimo :))

  9. Diego Niño

    creo que los mimos los necesito desde ahora 😉

  10. sandie

    QUIERES UN AFORE ABIERTO VISITA http://www.paseusted .org ESTA DE WOW

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