Archivo diario: marzo 30, 2008

Las Fuerzas Militares y sus amados desmanes

Tiene usted toda la razón Presidente Uribe al asegurar tácitamente que todos los campesinos son familiares de las Farc: “some officials say the FARC is prodding the families of rebels killed in combat to claim the dead were civilians” [1]. Que no nos vengan a decir los organismos internacionales que las gloriosas fuerzas armadas de Colombia asesinan, torturan y masacran agricultores; ellas, en cumplimiento de su misión, sólo matan guerrilleros y familiares de guerrilleros. Las Fuerzas Armadas no son culpables que todos los habitantes de las regiones donde no ha llegado el metro o transmilenio sean familiares de guerrilleros, ¿o sí? Por supuesto que no. 

Cómo es posible, me pregunto yo, que el congresista  Patrick J. Leahy (Demócrata) diga que “”Hemos tenido en seis años 5.000 millones de dólares para ayuda. La mitad de ella ha ido a los militares colombianos, y encontramos que el ejército está matando más civiles, no menos. Por todas las cuentas, todos los conteos independientes, encontramos que los civiles son tomados, ejecutados y vestidos con uniformes de forma tal que pueden reclamar los cuerpos como guerrilleros muertos” [2]. ¡Falso! Cómo es posible, me sigo preguntando, que el Washington Post asegure que “un informe de una coalición de 187 grupos de humanos dijo que 955 civiles fueron muertos entre mediados del 2002 y el 2007 y fueron clasificados como guerrilleros caídos en combate, un 60 por ciento más que los cinco años anteriores, cuando 577 fueron reportados como muertos por las tropas” [3]. ¡Falso!

Lo único que hacen los militares es matar a los bandidos que secuestran y matan a los colombianos de bien que vivimos en las ciudades, único lugar dónde los cristianos podemos desarrollarnos. ¡Qué vivan las fuerzas militares y sus acertados crímenes! 


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Apocalipsis informático

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El fin del mundo está cerca: la internet colapsará en dos años y no tendremos oportunidad de escuchar, ver o saber nada de los otros rincones del mundo. Todas las transacciones bancarias se harán en interminables filas de ancianos y mensajeros con maletas descomunales. No veremos más videos de españolas dándose coses al tiempo que lanzan improperios al improvisado camarógrafo o el video de colegialas colombianas mostrándole la lanosa entrepierna a sus compañeras de curso. No más pornografía ni más música pirateada. No tendremos correos electrónicos a donde puedan llegar las presentaciones de Power Point con frases de cajón, música de John Lenon y rematadas con una maldición si no se reenvía a otros desocupados. No podremos, ¡por el amor de Dios!, decir que somos modelos o gringos a nuestros compatriotas en chats argentinos o mexicanos. No sabremos, ¡sagrado rostro!, qué dicen los demás blogueros.

Ante este panorama lo mejor que podemos hacer es pegarnos un tiro o colgarnos del árbol más cercano porque una vida sin internet no vale la pena vivirla.

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