Viagra

Ayer caminé en el parque de mi barrio. Este lugar se ha hecho célebre en la comunidad por ser expendio de drogas y habitación de amantes novatos. Mientras caminaba en los pastizales pise sin querer lo que parecía ser una tableta azul. No le presté atención y seguí en mi caminata meditativa. A la media hora descubrí que el zapato se había comido la media sobrenaturalmente. Di media vuelta y enrumbe mis pasos hasta llegar al lugar donde había pisado la píldora azul. Me incliné y recogí el remanente de la gragea y el empaque en el que venía. Después de una breve pesquisa comprobé lo que suponía: había pisado una tableta de Viagra causando el enardecimiento del zapato y la consecuente zampada de la media por parte de este.

Mientras me quitaba el zapato y me acomodaba la media me preguntaba ¿por qué los jóvenes de dieciséis años usan Viagra? A esa edad el problema no es que se le pare a uno sino que se para por todo. Los adolescentes que leen esto (si los hay) coincidirán conmigo en este aserto: todo joven de dieciséis iza la bandera en cualquier evento. Lo cual, sobra decirlo, es causa de episodios bochornosos. Si esto es así ¿para qué usan Viagra? Si lo usan para que esté duro por más tiempo creo que están lanzando la plata por la caneca puesto que con el frío que hace en el parque de marras no se pone fláccido gracias al entumecimiento natural del congelamiento. En este caso el único problema es sacudir la escarcha antes de ingresar a la gruta del amor; pero eso se puede hacer con dos sacudones enérgicos.

La respuesta al interrogante la encontré hoy en El Tiempo. En este prestigioso diario le preguntó a un muchacho de 23 años por qué usaba Viagra y este respondió: “No creo tener problemas de erección, pero me las tomo de vez en cuando para estar más seguro. Las erecciones duran más y uno se recupera más rápido” [1]. Llegamos al mismo punto que discutía en un post anterior: ¿por qué hacer del sexo una maratón deportiva? Todo placer cesa si buscamos competir o demostrarle a nuestra pareja que podemos durar una hora dándole a la matraca y repetir la operación doce veces en una faena. ¿Quién siente placer con semejante esfuerzo? Nadie. Después de ese trajín sale uno directo al quirófano para un trasplante de médula ósea. Al sexo, queridos jóvenes, no es un asunto de capacidad ni mucho menos de aguante; el sexo es un asunto de placer y sensibilidad, no de fuerza y elasticidad; en ese caso lo mejor es cultivarse en el sentimiento y la delectación que en los gimnasios y las pistas de infantería; es mejor, por lo tanto, llevar bajo el brazo un buen libro que una cantimplora de pastillas de Viagra cuando vamos a cepillarnos a una linda y tierna amiguita.

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Archivado bajo amor, General, sexo

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