Archivo diario: marzo 19, 2008

El sueño Americano

Creo que el gobernador de Nueva York, David Paterson, sintetizó la realidad marital de los Estados Unidos en una frase: “creo que tenemos un matrimonio como muchos estadounidenses” [1].

El matrimonio del gobernador Paterson estuvo atravesado por múltiples infidelidades de los dos cónyuges. El de su antecesor estuvo sazonado por las vistas de este a las prostitutas. El de Clinton por felaciones de becarias.

De estos casos se puede concluir que los matrimonios del sueño americano son iguales, o quizás peores, que los de la pesadilla latinoamericana. En los del norte hay infidelidades, traiciones y violencia intrafamiliar. En los del pueblo del sur hay infidelidades, traiciones y violencia intrafamiliar. Lo mismo.

He tenido que escuchar, durante varios años, a muchas mujeres alabar las virtudes morales de los norteamericanos. Su discurso transforma a los atrabiliarios gringos en trasuntos de ángeles o querubines de elegante acento y ojos penetrantes. El discurso no se queda ahí. También glorifican la estabilidad económica del imperio y lo fácil que es la vida en ese lugar. Creo que este punto, al igual que el matrimonio ideal, es parte de la ficción que condimenta las películas mediocres que llegan a nuestro país. Creo que no hay tantas oportunidades como ellas dicen y estoy seguro que la vida allá es igual o más difícil que acá. A los problemas tradicionales debe agregársele las afrentas originadas por el lugar de donde se viene: Latinoamérica, lo que no pasa acá.

En Colombia, por el contrario, jugamos de local: nadie nos mira rayado (a menos que lo merezcamos) y mucho menos se burla de nuestra procedencia. ¿Por qué, entonces, irnos detrás del sueño americano?



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2 comentarios

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Acotaciones a la columna de Rafael Nieto

 

Tiene usted toda la razón amigo Nieto: todo el que nos ataca debe morir como una rata así se esconda en las madrigueras de los países vecinos. Además, como usted bien dice, las normas internacionales apoyan esta prerrogativa: “Confieso que no acabo de entender la renuncia a este argumento, por demás defensable a la luz del derecho internacional contemporáneo. Lo prueban las resoluciones del Consejo de Seguridad después del 11 de septiembre, en las que legitima el bombardeo norteamericano a Al Qaeda (y a los talibanes que les daban protección en Afganistán). Y lo confirman, sólo doy ejemplos de este año, las acciones posteriores de Estados Unidos en Somalia y de Turquía en Irak, frente a las cuales la comunidad internacional no ha protestado”.

Claro que hay que atacar, destrozar, romper y rematar a los sobrevivientes con balazos en la cabeza. Así lo hizo hace poco el admirable Ejército en las asquerosas vecindades para honra de nuestra amada república y de su igualmente venerado gobierno. Pero la comunidad internacional, en un inexplicable impulso de estupidez nos ha dejado, perdóneme la expresión, con los pantalones abajo: “Ahora quedamos en el escenario más negativo: nos obligamos a no volver a usar la fuerza frente a guerrilleros refugiados en otros países, ¡es el colmo!  Como si no nos asistiera el derecho a hacerlo.

En ese escenario tendremos que resignarnos a ver a los bandidos medrando en la manigua vecina sin la menor posibilidad de aplastarlos con la bota militar ni podremos estrenar los misiles que hemos comprado a precio de libertad al coloso del norte.


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James Bond y las habilidades mamatorias de Reyes

Entre las noticias descubiertas en el computador de Reyes descolla la historia de infiltración de una mujer. La historia no tendría nada de extraordinario de no ser porque la mujer tenía dos chips: uno en su seno y otro en la calza de una muela.

El diario italiano Corriere della Sera dice, en fecto: “Un lavoro nell’ombra, teso alla raccolta di informazioni, accompagnato da tecniche alla James Bond. Per segnalare la sua presenza alle forze governative, la spia aveva sul suo corpo due microchip. Uno nel seno e l’altro nella capsula di un dente” [1]. Supongo que el sagaz Reyes descubrió primero el chip del seno gracias a sus comprobada habilidad mamatoria y luego de dos patadas en la cara habrá salido expulsada la muela que albergaba el segundo chip.

El computador de Reyes nos comunica que luego del hallazgo la mujer es fusilada y enterrada en una fosa. ¡Imbécil! En vez de seguir inspeccionando con la boca y la lengua otros lugares de la anatomía de la mujer. Yo, al igual que James Bond, hubiese investigado el otro seno y luego bajaría al siempre inexplorador sur para ver dónde tenía la instalación de alta que mantenía con energía a los chips.



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