Archivo diario: marzo 10, 2008

¿Se le debe pagar a “Rojas” por asesinar y destazar a su jefe?

Todos se preguntan si hay que pagarle a Pablo Montoya alias “Rojas” por asesinar a su jefe, quitarle la mano y entregársela al ejército.

En una esquina están los que aducen que pagarle a este tipejo transformaría al Estado Colombiano en una nación auspiciadora del homicidio; en el otro bando están los que quieren que se le pague para incentivar la deserción en las farc. Unos hablan de Estado democrático; otros la seguridad democrática. Algunos peroran sobre la jurisprudencia que apoya el principio de oportunidad; otros discuten sobre el tono violáceo del brazo de alías “ríos”. Etc.   Para no quedarme atrás en este mar de opiniones y contraopiniones les dejó la mía para que la juzguen y la comenten.

Creo que no se le debe pagar al malandrín por dos razones:

1.      Pagarle significaría que el Estado Colombiano apoya el asesinato de todo aquel que está en contra de él: guerrilleros, masones, intelectuales de bobinas y pipa, estudiantes, profesores, todo aquel que piensa, supone o sospecha que el gobierno no está iluminado por el sagrado corazón de Jesús  

2.      Porque los guerrilleros adoptarían la siniestra costumbre de aparecer con partes de los cuerpos de los cabecillas de las farc, lo cual iría contra la estética. Imagínense ustedes una fila de guerrilleros en la puerta del comando del ejército con piernas, manos, mentones y sangrantes orejas de cabecillas del secretariado de las farc esperando el pago por ellos, ¡sería espantoso!

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Nuevas pruebas

Para aquellos incrédulos que sospechan que el anterior post es falso traigo pruebas que corroboran mi afirmación.

En el computador de Raúl Reyes se encontró el siguiente correo:

“Hay un señor que me surte de material para el explosivo que preparamos y se llama Belisario y vive en Bogotá y es amigo de ‘Jhon 40’ (…) Él me manda el muestrario y las especificaciones y propone vender cada kilo (de uranio) a 2,5 millones de dólares y que ellos entregan y nosotros miramos a quién le vendemos. (…) Que sea el negocio con un gobierno para venderle arto (sic); tienen 50 kilos listos y pueden vender mucho más. Tienen el contacto directo con los que tienen el producto” [1].

Ven que el hombre sí pretendía volar ciudades, derretir iglesias y matar las gallinas de alguna región de Colombia con una bomba atómica. Del correo se desprende, asimismo, que Raúl no fue hasta la casa de Semyon Yukovich Mogilevich, como dicen las maledicentes lenguas inglesas, sino que lo encontró organizado y catalogado en un muestrario en la fría ciudad de Bogotá.

No sabemos si al señor Reyes le alcanzó la vida para comprar y llevar los 50 kilos de uranio que refiere el correo a la selva. Ahora, Si la vida le dió para culminar esta tarea, ¿Cómo hizo para arrumar 50 kilos de uranio en la maleta y llevárselos hasta la manigua sin que se le arrugaran los camuflados? ¡Es un misterio! Lo cierto es que si dejó el uranio al lado de la crema dental –lo que no sería extraño si se tiene en cuenta que este señor era un campesino ignorante- quizás su muerte se debió al envenenamiento radiactivo y no a la metralla que tiernamente le lanzó el ejército colombiano….


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