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(Capítulo Anterior)
Tus labios reconstruyen la humedad del cuerpo de Juana al tiempo que tu corazón se reseca como el atardecer que irrumpe por la ventana del local. Quieres borrar los dedos que han quedado atornillados en los ribetes de la memoria. ¿Cómo puede dolerme el alma si no es material?, interrogas al [...]










