La vida es un camino que va de lo natural a lo artificial. Los niños están más cerca de los impulsos y, por tanto, de lo instintivo. Después los atornillan al colegio para que modere sus actos. Al cabo de catorce años su comportamiento, aunque tosco, se aproxima más al ideal de conducta. Luego viene la universidad y a continuación la vida profesional. A estas alturas el niño que rasguñaba paredes y pateaba mesas se ha transformado, por vía de la educación y la sociedad, en un ser que coerciona sus instintos. ¿No creen que esto es artificial? Lo natural sería que el hombre, como animal que es, diera rienda suelta a sus instintos. El hombre está, sin embargo, inserto en un paranaturaleza que lo obliga a domar la animalidad. Acá viene el problema: por una parte la naturaleza le grita que sacie sus instintos y por el otro la paranaturaleza lo reprende por intentar hacerlo (o, incluso, por pensar saciarlos).
Antaño, por ejemplo, las borracheras terminaban en excesos incontrolables y ahora, con los mismos participantes, concluyen con borrachos entregados a la verborrea. Lo anterior quiere decir que la represión ha sido de tal naturaleza que aún bajo los efectos del alcohol –que es, entre otras cosas, un deshinibidor- somos más racionales, es decir, más artificiosos. Lo peor del asunto es que la coacción es tan común y tan fuerte que no somos conscientes de su dogal hasta que estamos en contacto con individuos que llevan poco tiempo bajo su influencia. Ellos, los niños y los adolescentes, nos hablan de los días en los que nos aventurábamos a decir lo que sentíamos, a inclinarnos por la vida contemplativa, a escribirle a la jovencita que nos arrugaba el corazón, a renegar de las madrugadas, a ofrecer la amistad sin medir su beneficio, a reírnos francamente, a darnos trompadas con los compañeros y después olvidarlo con un apretón de manos, a enamorarnos franca y desenfrenadamente…
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11 comentarios
Diciembre 22, 2008 a las 10:34 pm
Está más que demostrado que el hombre no es un ser social, la sociedad es el que hace de él quién es, según la corriente que siga le llevará de un sitio a otro y según la edad no tiene más remedio que cambiar de río.
La madurez nos hace actuar de un modo u otro con el alcohol que llevamos en sangre, xD.
Diciembre 22, 2008 a las 11:02 pm
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From Colombia…
Diciembre 22, 2008 a las 11:58 pm
A cada edad, como dices bien, le corresponde un río diferente. Lo malo es que los que nadamos en varios ríos, a pesar que sabemos de aguas y corrientes, no arribamos al mar…
Un abrazo fuerte
Diciembre 23, 2008 a las 3:03 am
Un excelente texto, Diego.
El hombre es completamente consciente de que reprime lo que desea por la “racionalidad”, pero está dispuesto a seguir funcionando en la misma lógica porque la cultura no deja más camino.
Va uno creciendo y extraña cada vez más cosas de ese inmaduro que algún día fue, que no complicaba tanto con la vida, que gozaba y se dejaba contagiar de la belleza del mundo.
Un saludo desde Don Blog Pérez.
Diciembre 23, 2008 a las 6:34 pm
Más que la cultura, mi apreciado Tomaz, es la sociedad la que reprime la disidencia hacia la irracionalidad. Esto se debe, quizás, porque la sociedad es producto de la racionalidad y si esta se acaba se derrumba la organización.
Los adultos extrañamos, en efecto, la inmadurez de la niñez. Todos recordamos con nostalgia las tardes de retozo en las que rompíamos los pantalones en las rodillas o nos embarrábamos hasta la nuca…
Saludos desde la fría Bogotá
Enero 12, 2009 a las 6:48 pm
yo pienso y/o siento que eso depende de la persona, cada cual elige según sus condiciones, yo, por mi parte, opto por conservar lo que más me gusta de la niñez y he comprobado que es posible, es cuestión de elección, incluso en el tema de la represión, es posible no reprimirse, me consta.
saludos desde una hermosa loma.
Enero 12, 2009 a las 7:19 pm
Querer no es, al parecer, la única condición para abandonar lo artificial y entregarse a lo instintivo. Nuestras costumbres y hábitos hablan de la deformación que sufrimos (piensa en los días que preferías correr desnuda por tu casa).
Un abrazo desde la fría Bogotá
Febrero 1, 2009 a las 6:36 pm
y a veces entre recuerdos y ensueños vuelven con nostalgia aquellos dias del asombro, de la risa fácil…antes de tantos años de aleccionamiento..gracias por tus escritos.
saludos de una “bloguera” búcara.
Febrero 3, 2009 a las 12:36 pm
Hay días, en efecto, en los que la mirada retorna al imperio del asombro y la risa…
Gracias por tu visita y por tu comentario amiga Búcara
Un abrazo desde la fría Bogotá
Febrero 4, 2009 a las 9:08 pm
tal vez me refiero a un querer consciente, yo siempre he pensado que las represiones si se pueden superar y lograr cosas asombrosas, incluso, correr desnudos por la casa
abrazos desde una hermosa noche lomeña
Febrero 5, 2009 a las 12:25 am
Yo pensaba lo mismo hasta que me hice el propósito de caminar desnudo por la universidad. Después de ese día he intentado cumplir con la promesa pero hay una fuerza invisible que me disuade…
Abrazos desde la fría Bogotá