Saudade: lembrança triste e suave de pessoas ou coisas distantes ou extintas, acompanhada do desejo de as tornar a ver ou a possuir;pesar pela ausência de alguém que nos é querido
Esta noche mis dedos marcaron apresuradamente el teléfono de tu casa. Confieso que el corazón aceleró su marcha cuando imaginé el aparato repiqueteando. Después del tercer timbre una voz cordial, acaso afectuosa, rompió la elipsis. Al preguntar por ti me dijo que surcabas las mansas aguas del sueño. Le agradecí y colgué la bocina.
Me quedó, en seguida, un extraño rumor de sombras en la voz. Pensé, inicialmente, que se debía a la reclusión de conceptos y palabras en la que me tienen encarcelado los compromisos. Al mirar el computador que me esperaba con sus ojos palpitantes recordé que la responsabilidad no ha logrado rasguñarme en veintinueve años de existencia. Creí, posteriormente, que el murmullo era causado por el silencio en el que lentamente se hunde la ciudad. El gemido, largo e inclemente, de los perros que saludan la tristeza rectificó, por vía del contraejemplo, la hipótesis. Pensé, entonces, en el agobio de los años que se marchitan en cada latido del corazón. En ese instante el tiempo me sonrío desde el abismo de la eternidad. Me paré enredado en las telarañas de las reflexiones; me senté frente al computador y busqué tu perfil en Facebook. Mire, una a una, tus fotografías hasta sentir el pasado apiñándose en la respiración; leí los comentarios (me abstuve de unirme al concierto de notas y apostillas); justo en ese momento entendí que el murmullo era producto de la abstinencia de aquella voz que encrespa soledades y de aquella ternura que ilumina auroras.












6 comentarios
Diciembre 4, 2008 a las 7:50 pm
No sé porqué, las personas tendemos a ser bastante masoquistas, miramos y recordamos historias, fotos y caras que nos hacen daño, siempre he supuesto que era para no olvidarnos de lo que somos, pero vete a saber, somos impredecibles, quizá simplemente nos guste sentir que seguimos vivos.
Diciembre 5, 2008 a las 2:31 pm
Los recuerdos dolorosos son, generalmente, recientes: pocas son las evocaciones viejas que aún causan sufrimiento porque ya han cicatrizado en el alma o, acaso, cursan el proceso de curación.
Diciembre 5, 2008 a las 11:35 pm
“rumor de sombras”… me encanto!
Besos, Diego!
Diciembre 6, 2008 a las 5:28 pm
No hay nada como tener la oportunidad de hundirse lentamente, acostado de espaldas a la suave y cremosa sustancia del sufrimiento autoinflingido… Si hay una cosa rica para acariciar, es la tristeza.
Un abrazo
Diciembre 6, 2008 a las 7:52 pm
Gracias.
Besos desde las frías regiones del norte
Diciembre 6, 2008 a las 7:56 pm
Siempre existirá, para nuestra fortuna, la posibilidad de zozobrar en el légamo del abatimiento, palpar su textura arenosa y sentir la tibieza de su mansedumbre…
Un abrazo