Hace un par de semanas viajamos al pliegue del cielo y el mar. Tu cabello adquiría el tono de la felicidad y tus ojos se hacían cada vez más transparentes. Tus palabras, contrario a lo que supuse al salir, se enredaban en el murmullo de las olas o se elevaban al cielo.
Al medio día los compromisos se anclaron en tus tu voz invitándome a desaparecer por los médanos y las dársenas de tu recuerdo. Luego, cuando el sol inició su carrera hacia el mar llegaste a la palmera de mis ensoñaciones con una sonrisa rosada que hacia juego con el cielo sangrante. Te sentaste a mi lado a escuchar el agua lamiendo la arena y el rumor de risas ahogándose en las penumbras…
Estas son las estelas que brillan esta noche solitaria.











1 comentario
Septiembre 1, 2008 a las 5:37 am
[...] verla a la luz plomiza de la tarde; no hay ninguna duda: es el collar que le compraste mientras esperabas que cediera el nudo de los compromisos. Te dejas caer sobre el andén. Contemplas el cordel verde que sujetaba el collar al tiempo que [...]