Mayo 22, 2008...5:10 am

Sobre mujeres traidoras y consejos

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En el compendio amoroso de todo hombre siempre habrá una mujer que lo sedujo y que, días después, lo abandonó para irse con otro hombre o para devolverse con el anterior. Estas mujeres son, por lo general, causa de interminables bebetas con amigos y de llamadas a media noche para decirle a la interpelada que el camino está franco para la absolución y el consecuente retorno a sus brazos.

Después que el implicado se reintegra a la vida amorosa aquellas mujeres pasan al rincón más oscuro de la memoria (junto a las fotos de disfraces vergonzantes o a los momentos bochornosos), lo cual ha causado que estas honorables mujeres pierdan el protagonismo que su empresa merece: sin ellas sería aún más insoportable el desfile de egos masculinos en la floresta del levante. ¿Se imaginan ustedes, mis queridas lectoras, cómo sería de cortante un ego sin haber pasado por las manos de estas loables mujeres?

Lo primero que tendrían que soportar sería el hecho que el hombre pensaría que usted está loca por él (siendo que la realidad da testimonio que el que está perdidamente enamorado es él); la pedantería sería insoportable y el tufillo de suficiencia sería insufrible.

En cambio un hombre que ha pasado por la “pulidora” es un ser humano que es consciente de sus limitaciones; sus palabras se ajustarán a la realidad de los hechos y sus actos serán consistentes con ellas; vivirá, en suma, bajo el faro de la realidad.

Les aconsejo, por ello, que si se encuentran a una mujer de aquellas que ofician de adúlteras tengan la caridad de presentárselas a sus novios para que ellos caigan en sus manos y valoren, ¡por fin! la serenidad, la sensatez y la integridad que ustedes les ofrecen. Les aseguro que ellas no durarán muchos con sus novios (¿quién se los puede aguantar por más de un par de horas?) y se los entregarán más dóciles que un cachorro de labrador.


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