Te pasa una y otra vez, y nunca aprendes: sigues mendigándole a la vida favores que no son más que abrojos y tinieblas. Ese es el leitmotiv, mi querida niña, de la tonada que escolta tus pasos cansados; lo sabes, ¡siempre lo has sabido!
Y ahora, cuando el tiempo te arquea la mirada, le pides a [...]










