Un hombre olvidado en el margen del hotel decide acuchillar el tedio de la soledad con amores pactados en la oscuridad de la callejuela vecina. La mujer que encuentra en la pesquisa es rubia y delgada como el humo que elude el cigarro que agoniza entre sus dedos. A sus preguntas le responde con un tenue movimiento de la cabeza. Al final del regateo ella acepta con un apretón de manos…
No hay dolor más atroz que ser feliz, le dice ella con tufo de dos días de alcohol ajado. Él la mira con tristeza; ha perdido las ganas de estrangular el tiempo con migajas de sexo rancio; se arrepiente de haberla buscado en los callejones de oscuros.
Sus torpes movimientos quieren acompañar la música que se filtra por las rendijas de la puerta descascarada al tiempo que entona canciones olvidadas en la brisa de su juventud. Él la ve cantar y bailar con el corazón encogido. Se le acerca, finalmente, y le besa en la boca con movimientos cultivados en interminables faenas eróticas. Él, a pesar de saber que sus besos son falsos, se hunde en la fronda compacta de la ternura…
Días después, ante la irreducible firmeza del recuerdo, decide componer esta canción.











2 comentarios
Abril 28, 2008 a las 12:43 am
Hermano:
¿Esta historia la sabes de primera mano? Porque mi tío, que fue amigo de Zitarrosa, me contó que él llegó a un hotel en Brasil, en donde le ofrecieron una “mujer de compañía”, a lo cual él respondió que sí.
La mujer fue una portuguesa que estaba juntando plata para regresar. Él, como siempre, con una sensibilidad poco vista, la interrogó acerca de su oficio hasta descubrir todos los secretos y detalles que exhibe la canción. No hicieron nada esa noche más que hablar y hablar. Al final, ella parece que se prendó de Zitarrosa.
Bueno, no la sé muy bien, pero algo así me contó mi tío.
Abril 28, 2008 a las 1:21 am
No amigo Pablo. Lo que escribí arriba nace de la imaginación: al escuchar la canción me pareció que la historia que navega detrás de la música debía estar cercana a la que escribí en el post.
Al Leer tu comentario me regocije de saber que no andaba muy lejos de la realidad. Tu visita, y especialmente tu aclaración, me antojaron de fantasear sobre otra canción de Zitarrosa. Pido, entonces, al cielo que la imaginación me preste sus alas… sí tienes algunos testimonios sobre otras canciones y quieres escribir un post puedes hacerlo con toda confianza; yo te presto el blog para que lo hagas. Sólo tienes que escribirlo y enviármelo al correo que yo lo publicaré.
Muchísimas Gracias Pablo por la apostilla y por la visita.