Tiene usted toda la razón Padre Llano. Debe alegrarnos que hayan masacrado a ese impío hombre como la rata que es; que le hayan lanzado misiles y le hayan llenado de metralla el cuerpo. Debe regocijarnos, igualmente, que hayan exhibido su cuerpo baleado para escarnio de los sinvergüenzas que quieran oponerse a los designios de nuestro señor.
No debemos olvidarnos, asimismo, que la gleba ignorante no escuche las enseñanzas de aquel milenario revolucionario de barba y cabello largo que gritaba a la multitud que a sus pies se congregaba:
“Amad a vuestro enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mat. 5:44).
Estas palabras sólo pueden salir de uno de aquellos hombres de hábitos sospechosos que generalmente apoyan el matrimonio entre homosexuales y que pervierten la moral de los hombres probos que se ven forzados a incumplir los sagrados mandamientos del señor para extender su gloria por el orbe.
Celebro su elocuencia y la justeza de sus argumentos y, sobre todas las cosas padre, elogio sus probadas virtudes católicas.










