Habitaba el alcor del desasosiego cuando los tersos versos de Luz Amparo llegaron. Su cadencioso silencio de océano calmado me ha llevado a la floresta del amor. En los días en los que la verdad y el engaño navegaron juntos, ella, mi amada, me llamó desde la orilla del mar con tiernas insinuaciones. Cerré para siempre la puerta de la soledad y bajé al piélago de sus palabras… Sea esta canción un homenaje a su nombre con sabor a hierba y a sus caricias con sabor a brisa










