El silbido del tren le hace palpitar el corazón; presiente que ha llegado el momento anhelado, que la espera de treinta años ha cesado y que bajará del tren su amado. Mira pasar la gente, presta atención a las caras, a los ademanes y a los movimientos de los viajeros. No, ninguno de ellos es. Se sienta de nuevo, rememora el aciago momento en el que Arcadio decidió buscar la fortuna en otros parajes. Se peina con la mano el cabello cano y se sienta de nuevo a esperar el arribo de su amado…











1 comentario
Mayo 30, 2008 a las 1:52 am
[...] Comments En mi cabeza sólo existe una Penélope. Esta no es, como supondrán, la esposa de Ulises. La Penélope que habita mi cabeza es una mujer entrada en años (cincuenta y tantos) con la cabeza c… (no sé porque siempre he pensado que se llama así). A esta mujer la veo en las tardes secas de [...]