En esta nueva variante de infidelidad retorna la mujer agobiada por la pena de la traición; el engañado, contrario a lo que espera la felona mujer, no capitula frente a besos ni carantoñas; él sabe que la traición no merece indulgencias; comprende, además, que el amor no son migajas de ternura lanzadas a cualquier peatón. El astado, evitando descender al nivel de la ingrata, le brinda, finalmente, perdón y compasión a la vez.










