En aquellos momentos en los que el curso de la vida nos lleva a la barrera de tristeza que encarcela a la mujer que nos abandonó; en el instante que vemos en los ojos de ella la amargura del desamparo oímos las oxidadas bisagras de la justicia y entendemos los encrespados caminos del destino; en ese ligero soplo del tiempo recordamos las palabras de Santiago “la ira del hombre no obra la justicia de Dios” y sabemos que el dolor de la traición es sólo una brizna de hierba lanzada al viento de la eternidad. Esto, sin duda, pensaba Agustín Lara cuando escribió esta canción.










