Les confieso que he sido buen novio. Esto no lo digo con el ánimo de parecer un buen hombre. No. Lo digo porque es cierto. Pero bajo esta afirmación se esconde un hecho que dimensiona la aseveración: no he sido novio por más de cuatro meses. Bajo la luz de ese evento se entiende porque he sido buen novio: mis novias no han tenido la ocasión de conocer las honduras de mi personalidad ni los defectos inconfesables que todo humano guarda bajo la capa de la educación. Ellas, mis ex novias, han visto el hombre bonachón, amable y gracioso que les corre el asiento cuando se van a sentar y les abre la puerta del carro para subirse a él; conocen al individuo que ameniza las reuniones con burlescos comentarios, pero ellas nunca vieron al ogro malhumorado que habita mis entresijos y que espera salir de ellos. No, nunca lo vieron. Este protervo engendro que mora en los recovecos de mi alma sale después del quinto mes para destrozar con sus uñas a la mujer que se ponga a su alcance.
Esto no se sabía hasta ahora. Creo que es un deber moral y quizás cívico el advertir a las mujeres del riesgo que corren al pretender entablar una relación larga y estable conmigo. Es mi deber, asimismo, anunciar que esta creatura está ansiosa de beber sangre de doncella y que no dudará atacar a la primera joven que ose retarlo. Por ello les pido que abandonen a este desdichado ser humano después de un mes para no poner en riesgo sus vidas.
Queda pues constancia de los males a los que se exponen si se aventuran a desafiar a esta ominosa criatura.
PD: si eres Amparo la que esto lee ya sabes la razón por la que me fui a vivir a las islas Fiji.











1 comentario
Abril 11, 2008 a las 4:57 am
[...] al Viento) monté lo que supuse sería otro proyecto de dos semanas. En el blog recién fundado escribí un post rarísimo y malísimo sobre el noviazgo. El martes escribí un post sobre mi generación. Las piezas [...]